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miércoles, 15 de febrero de 2012

Canto de las Cuarenta Mil Noches

Incalculable. Tal fue el tiempo que tardó la estirpe que ha puesto sangre en mis venas, ideas en mi cabeza, y aire en mi pecho en poder regresar aquí. Sobre este suelo asfaltado, de pie ante este paisaje montañoso, parado sobre esta piedra volcánica, grito lo que mis padres y los padres de mis padres sólo podían susurrar desde el secretismo al que fueron condenados.

¡Venid sílfides y gaviotas! ¡Participad de los cantos druidicos ondinas perdidas!

La hora ha llegado. Revocad los mandatos del poderoso. Arcadia es ahora. Tumbad el muro y la piedra, escupid en las caras de quienes os oprimieron en nombre de una bana razón. Celebrad que los mil años de oscuridad desde la Gran Caída han terminado ya. Coronad al Oscuro, reconstruid la Espada y la Roca. Comenzad el sagrado éxodo. Los caminos han sido ya esbozados, las líneas santas energéticas y magnéticas que conectan sus mundos cotidianos con el centro del Universo están ahí para ser recorridas.

¡Llamad al trasgo y al goblin! ¡Quitad las vendas que esta enmarañada mentira sembró en vosotros!

Soltad las anclas de responsabilidades impuestas que os han atado a este mundo sensible de tristezas y necesidades insatisfechas. ¡Corred, saltad, bailad! Regocijaos con el regalo que esa hora vuestro. Las frutas silvestres, la infinitud del mar, la brisa en la sierra, el vacío en vuestro estómado al borde del acantilado. Reuníos como antes. Haced el círculo, presentad los respetos a los Antiguos Silenciosos. Pedid el permiso. Anunciad vuestra llegada.

¡Y que las banshee griten desesperadas! ¡Las gargolas estallen sus pieles! ¡Y las hadas hagan un ejército de infantes!

Golpead lo que más temen. Rapten sus ilusiones de seguridad. Destruyan esos mundos de ficción que creen más reales que nosotros. Sembrad la duda dentro de sus seguridades más absolutas. Corroed los fundamentos de su civilización, la religión, la ciencia, la política, la economía. Haced que regresen a nosotros, arrodillados, arrepentidos. ¡Que no quede uno sin sangrar! ¡Que se escuchen sus gritos desesperados!

¡Detonad las explosiones sefiróticas! ¡Que su llanto y culpa sean nuestro maná!

Barred la superficie sublunar. Que no quede un animal bípedo arrastrandose sobre la tierra. Ni sobre la arena, ni el bosque, ni el páramo, ni la cueva. Que sus cuerpos desnudos nauseabundos desaparezcan. Que su arrogante erguidez no mancille de nuevo nuestra humildad. Lograd, pues, la esperanza de quienes han estado callados en las profundidades volcánicas y en la oscuridad cósmica.

¡Violad sus mujeres! ¡Secuestrad sus niños! ¡Incendiad sus techos!

Que esas vasijas de almas queden rotas. Que su sangre coloree el nuevo amanecer que hoy inicia. Hoy comienzan las cuarenta mil noches de luna llena. Extended los brazos y recibid toda la gracia que ahora se derrama sobre vosotros. Saboread la victoria que os fue negada con tanto ahínco. Abrid los ojos a los más pequeños, que no peguen los ojos una vez más, que no pierdan ni un detalle de este día glorioso.

¡Aplastad sus últimas esperanzas! ¡Extirpad su deseo de vivir y su odio a nosotros!

Hacedlos comer sus heces. Beber su orina. Comerse unos a otros. Que su desespero sea el aire que respiren. Que no sueñen volver a sentarse en el Trono de Agartha. El mundo ya no les pertenece. Así como tampoco sus brazos, sus piernas, sus cabezas ni sus lenguas. Y alegraos, porque el día ha llegado.

¡Entonad conmigo la canción! ¡La canción del fin ahora que todo va a comenzar!

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