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miércoles, 25 de enero de 2012

Pincel escarlata II

No, jamás. Siempre pensé que sería al menos con algo de glamour. Bien vestido, un traje, ¿quién sabe? Una corbatin escarlata adornando un smoking. Miro hacia abajo y me mareo, siento nauseas pero no tengo ninguna fuerza como para intentar traer un vómito desde mi estómago hasta mi boca, seguramente se saldría a la mitad del camino por ese nuevo hueco del estilógrafo en el que me he convertido.

Aún tengo la discusión interna. Creo que no, pero a la vez creo que quedarme quieto y esperar que todo se desvanezca no es una opción. Tal vez alguien podría verme, qiuzás alguien a lo lejos podría gritar ¡un médico! ¡necesita un médico! ¿quién sabe? Podría ser una enfermera atractiva. Me gustaría ver unos ojos lindos por última vez, o unas tetas, ¿por qué no? Pero ahora lo veo, se quedan quietos, inmóviles, susurrando, aterrados porque saben que bien podrían ser ellos mismos los que estuvieran aquí repartiendose a sí mismos en un sólo fluido que ahora llena las grietas del suelo.

¡Tengo derecho a hacerlo! Al menos ese recuerdo me da algo de sosiego. ¿Quién carajos te crees para creer cómo me siento respecto a mi relación con ella? Esta bien, sé que no fui el mejor, pero tampoco el peor. Uno de cada dos fines de semana hacía lo posible por arrancarle una sonrisa. “Pequeño”, así me decía. Un abrazo, con un abrazo bastaría. Así no tendría este temor de hundirme en una profunda pesadilla eterna. Ella me tranquilizaría. “No te preocupes”, diría, “estoy aquí contigo”.

Te equivocas, al menos esta vez no atinas. Me importa un carajo no haberme inmolado por una gran causa. Me limpio el culo con todo y todos. Hice más o menos lo que quise. Nunca me importó pelear por los otros, cada quien tiene que abrir su camino ¿entiendes? ¿lo que piensen? Si no meimportó nunca, ¿crees que podría importarme ahora? Estallaría en una carcajada si no supiera que con eso aceleraría todo esto y no podríamos terminar la conversación. ¿Mi velorio? Si me preguntan, pueden cancelarlo.

Sí. Siento como si estuviera viendo a través de una capa de leche mezclada con agua. Unas ondas que suben y bajan y no me dejan concentrar en lo que hay al otro lado. Tres calles dejo atrás. El otro debe hacer dejado media ciudad tras de sí, la tracción de una moto es mucho más útíl que estas piernas débiles. De rodillas todo se ve mejor. Una última mirada, un perro en la esquina mirando con una calma impensable. Ni un sólo ladrido. ¿Un minuto de silencio? Ni pensar en agradecercelo. El asfalto bajo mi mirada, la cabeza suelta. Ganas de llorar o de reir. Ya no entiendo mis propias sensaciones. Sólo un frío que se apodera.

Quiero una frazada. Deja de parlotear y traeme una. Estoy cansado. Ya nada importa. Anhelo una tibieza perdida. Mi cuna, la cama de mi adolescencia, la de aquel hotel de pueblo, la cama de él, la cama de mis padres, el vientre de mi madre. ¿Cómo podría estar listo? ¿Has intentado tomar una siesta en un andén? ¿y un sueño de mil años?

Shhhhht. No más ruido. Pronto partiré. Sólo esperame un rato. Debo hacer algo primero.

1 comentario:

  1. De primerazo, me gusta la idea. Pero al leerlo choca con el personaje que tenía en mi cabeza (al escribir mi entrada) y eso hace que no me guste. Me parece un excelente ejercicio y algo que podríamos hacer vez en cuando.

    tampoco me gusta la lucidez del personaje en las puertas de la muerte.

    Hay un par de errorcitos de letras mal puestas, pero no más.

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