Golpeó cinco veces la puerta y salí. Estaba ahí afuera emparamada, el sombrero mojado y unos goterones de agua muy largos chorreándole por la cara. Dijo algo a pesar de que su voz se ahogaba en el ruido de los tres mares que caían encima de nosotros.
-Sí, claro. Pase.
Entró como si no pasara nada. Se sentía incómoda y miraba todo con extrañeza.
- ¿Quiere algo caliente? ¿Un café? ¿Un chocolate?
- Un te estaría perfecto.
- Lo siento, no tengo.
- Un café, entonces.
- Siéntate, ya lo traigo.
Fui a la cocina sin mucho afán, esa manera desvergonzada de haber pedido algo que no había ofrecido me había molestado un poco, aunque no tanto como para desmotivar mi generosidad. Puse la cafetera a trabajar y regresé a la sala. Estaba vacía. Miré alrededor y vi un rastro de agua que evidenciaba su movimiento sobre la alfombra hasta el fondo del lugar y se perdía bajo la puerta del baño. Me tranquilicé. Respiré hondo y me senté.
- Disculpe no haberme presentado, soy Andalión.
- Qué nombre tan particular y poco femenino. Dije sin pensar mucho.
- Lo mismo le llevo diciendo a mi padre toda la vida.
La cafetera hizo un pitido de auxilio así que me paré y fui a la cocina.
- No eres de esta galaxia. Afirmé mientras le entregaba la taza.
- Cierto, pero ya nadie es de aquí.
- ¿Qué quieres decir con “aquí” cuando vives en una dimensión cómo la nuestra?
- Ya sabes, la Familia Planetaria. Ahora mismo no tenemos un aquí, pero sí tenemos un dónde. No es como si fueras una partícula no ubicable espacialmente.
- ¿Y viniste en medio de la lluvia para darme una clase de física planetaria?
- No, sólo vine para escampar.
Sonreí al verla hablar con tanta solemnidad acerca de un tema tan trivial. Andalión ya se había sentado, emparamando el sillón que le había ofrecido. Con una mano en su cabeza y otra en la taza de café parecía divertida con mi cara de sorpresa.
- De cualquier manera, no eres de los alrededores. Dije con énfasis al final.
- Qué suspicaz.
- Hace muchos años no veía un traje como esos, desde el tiempo en que mi padre comerciaba en los asteroides-más-allá-del-exterior.
- Tampoco soy de allá, los asteroides no son un lugar para alguien como yo. Estos ropajes me los regaló un amante.
Pasé saliva lentamente y por un momento consideré a Andalión como una posible pareja de cópula. Pero rápidamente descarte tal escenario, las espinas dorsales resultan muy incómodas para mi gusto. Aunque alguna vez escuché que podrían tener alguna funcionalidad bizarra.
- Entonces vienes a mi hogar, te cubres con mi techo, te sientas en mi silla y ¿aún así no me dirás de dónde eres?
- ¿No eres tú quien comenzó a relativizar el espacio? Tal vez podrías cambiar tu pregunta.
- Ahora no esperarás que mire con cara de sorpresa y diga: “Lo entiendo, la pregunta correcta es ¿De cuándo eres?” para que tú me respondas que eres del futuro y vienes con una misión secreta.
Andalión estalló en una sonora carcajada. Se sorbió el último sorbo de la taza de café y la dejó en la mesa.
- Tienes un delicioso sentido del humor.
- Eso dicen.
- Sin embargo, te acercas al quid. La pregunta no es “¿Dónde?” ni “¿Cuándo?”
- ¿Entonces? Debo preguntarte: “Andalión, ¿cómo vienes?”
- Hazlo, prueba.
- ¿Cómo vienes?
- Empapada, ¿no lo ves?
Volvió a estallar de la risa, mientras cruzaba la pierna con cara de no querer irse jamás.
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Me gustó, David, es una lectura rápida y entretenida, me hubiera gustado más que no pararas ahí y te extendieras un poco para darle más peso a tu objetivo.
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