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miércoles, 9 de noviembre de 2011

El karma y las consecuencias

Cuando de niño me hablaron de las consecuencias de mis actos: La idea del castigo divino que caía sobre todo el mundo por las malas acciones y hasta los malos pensamientos y que llegaba tan inevitablemente como el amanecer se fijó mi mente que en ese momento tenía una firme estructura católica de clase media colombiana, de modo que por los siguientes 15 años me cuidé de ser un hombre correcto en público y en privado y cuando no pudiera, me cuidé de arrepentirme con vehemencia de los comportamientos que mi voluntad no lograda evitar, manteniendo así (o al menos eso esperaba yo) un alma lista para entrar al cielo como por un tubo, donde me encontraría con todas las actrices que admiraba, (sé que estoy usando el término “admirar” de forma muy ligera, teniendo en cuenta que admirar sería una del las cosas que esperaba hacer menos) que me consentirían por los siglos de los siglos amén (por este pensamiento pedí perdón muchas veces).


Muchos años después y tras haber renunciado por completo a las creencias religiosas de mis padres, una nueva idea sustituyó la del buen católico de la biblia, la idea un poco más jipi de que todo lo que haces en esta vida se te cobrará en algún punto del futuro, o sea del karma, que en la universidad pública, rodeado de gente que escuchaba a Silvio Rodríguez y fuma mariguana, no sonaba nada mal, de modo que ahora ser buena persona no me aseguraba una orgipiñata eterna rodeado de las diablas de la TV colombiana (las de Tentaciones y las otras menos evidentes, pero sobre todo las de Tentaciones, -mi post sobre la relación directa que tienen las tetas de Rosmery Bohórquez y el callo de mi mano derecha quedará para otro día-) sino que me aseguraba que simplemente no me iba a pasar nada malo, todo sería bueno en mi vida ya bastante buena, esta solución me pareció en su momento, muco más práctica, permitiéndome a veces pequeños actos de maldad que podría después borrar de mi historial kármico, con acciones altruistas, llegando a veces a simplemente a comprar tal perdón con limosna a algún mendigo especialmente miserable o malencarado, después de todo, el karma no se fija en a quién tratas bien sino en cuántas veces debes hacerlo.

Esta etapa de moralidad New Age me duró más o menos el mismo tiempo que fui estudiante de la Univalle, mas no fue debido a mi salida por la puerta trasera de tan prestigiosa (y maltratada) institución que dejé de creer en el karma, "caída de gracia" empezó con una serie de sucesos particulares que recuerdo con gran claridad, sucesos que narraré a continuación con los detalles que la memoria me permita (o hasta que complete 600
palabras).


El primer acontecimiento que empezó a minar mi creencia en la justicia que equilibra todas las cosas fue encontrarme a cierto “poeta” reconocido por hacer “haikus” que entregaba a los peatones de la universidad a cambio de dinero, quien además era famoso por agredir a quien no le daba lo que su genio artístico reclamaba, almorzando tremendo sándwich de 3 carnes y ensalada de piña en El Éxito de Unicentro, este acontecimiento me asombró por 2 razones: la primera fue que no sabía que a El Éxito dejaran entrar gente que oliera tan feo y la segunda fue descubrir con horror que este asqueroso mendigo que repartía fotocopias en Univalle tenía un mejor Sándwich que yo.


El segundo acontecimiento sucedió un día en el que convencí a un compañero de clase de robar un rapidógrafo que él necesitaba en la papelería de la 14, después de mucho dar vueltas, el buen hombre al fin tuvo el valor de echárselo al bolsillo, después de lo cual, ambos salimos apresuradamente, solo para ser capturados a unos pasos de la salida. En el segundo piso del almacén, bajo la mirada acusadora del hombre de seguridad y el anciano gerente, mi amigo, un hombre honrado que estudiaba en Univalle patrocinado por su familia que lo mantenía desde Buga, lloraba de la pena y la vergüenza ante las amenazas del gerente, que a cada instante nos aseguraba que nos iba a entregar a la policía, mientras yo, el culpable de todo, tranquilamente sonreía, pues mi condición de menor de edad (sí, fue hace mucho, había Papelería de La 14 en Unicentro y yo era menor de edad) me aseguraban una salida fácil de la situación. Finalmente el gerente conmovido por las lágrimas de mi compañero decidió dejarnos ir. Este hecho me causó sospechas especialmente porque durante algún tiempo después, esperé con miedo el latigazo del destino, que me golpearía con un atraco a mano armada, una atropellada o algo peor... para mi sorpresa y satisfacción, no pasó nada de eso no paso nada de eso.

El tercer incidente involucra a una pareja que llora en una capilla completamente vacía, la luz de la tarde se cuela por las enredaderas que dan un poco de privacidad, la retahíla del sacerdote se ve a veces interrumpida cuando a la mujer se le escapa un sollozo más fuerte que los demás, con paciencia y entendiendo la situación, el cura reinicia su lectura en voz alta, frente a él, descansa un pequeño ataúd con encajes blancos, el hombre abraza a la mujer ambos con las cabezas inclinadas, a ambos se les nota el movimiento de los hombros al llorar. La escena no habría podido ser más dramática y conmovedora...para otras personas, para mí y mi compañero de ocasión, era la oportunidad perfecta parae matar (perdonen la expresión) el tedio que causaba la cremación del padre de un amigo en común, con chistes de muy mal gusto, aunque bastante graciosos.

nuevamente esperé el golpe contundente del destino, sumado a los restos de mi miedo a Dios, esperaba quedar cuadrapléjico, tener que cagarme en los pantalones el resto de la vida sin poder siquiera pichar, convertirme debido a mi atrevimiento y afrenta contra todo lo decente y cristiano en un ser más mueble que persona, eso en el mejor de los casos pero de nuevo no pasó nada.

Ahora solo uso el karma para repetir tiradas de dados en un juego particularmente entretenido y mi educación como cristiano para burlarme con maña de los que creen en cosas como esas.


Y todo va perfecto

3 comentarios:

  1. Este es tu género, ensayos en primera persona con toques cínicos e importaculistas.
    Me parece que podrías haberte expandido un poco en lo perversos que fueron ciertos momentos (como la burla sociópata del entierro de un bebé).
    Creo que vas por buen camino.

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  2. jajajaja, en otras palabras, lo tuyo es ser un cretino. Y qué bien sale.

    Me gustó también, cositas de revisar en la escritura: Primer párrafo, tercera línea de abajo a arriba: "de" en vez de "del". Comenzar el séptimo párrafo con mayúscula. Creo que hay otro errorcito por ahí pero no lo encontré.

    De acuerdo con JC, el episodio del bebé da para más.

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  3. Me gustó a partir de que comienzas a escribir las anécdotas, los dos primeros párrafos están mal redactados en algunos pasajes.

    Por otro lado hay varios errores de ortografía, repites algunas palabras.

    Por último me parece que la forma en que metes el recuerdo Rosmery Bohórquez es forzado y entorpece la lectura

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