El sitio era perfecto para una
emboscada: las altas paredes creaban estrechos corredores que incrementaban la
ansiedad en cada uno de nosotros y los sonidos se amplificaban en la atmósfera
encerrada, John caminaba al frente, tratando de pisar con cuidado y midiendo
cada movimiento, agazapado tras él estaba Melissa, que no paraba de mascullar
palabras en voz baja para mantener el control, justo detrás iba Marcos, que
cargaba una pesada maleta llena de implementos que se había robado y esperaba
vender, finalmente, cerrando el
grupo íbamos maría y yo, ella apretaba mi mano nerviosa y yo no paraba de sudar
bajo el peso de nuestros bolsos, había sido un día lleno de preocupaciones y
tensión por lo que este trayecto me resultaba especialmente difícil.
Delante de nosotros se extendía
una configuración laberíntica de esas que todos odiábamos tanto, tendríamos que
internarnos y una vez más sortearla rezando para que no nos descubrieran. A
veces sentía que estábamos peleando una batalla perdida y que así pudiéramos escapar
hoy, tal vez no podríamos hacerlo la próxima vez, pero la promesa de un para de
días junto a María sin preocuparnos por nada de esto, era suficiente para
impulsarme, creo que a los demás les pasaba lo mismo, yo sabía que la familia
de John lo esperaba en algún lugar del sur, que el hijo de Meliza debería estar
por cumplir 12 años y que Marcos estaba a punto de casarse, todos teníamos algo
por que seguir en esta lucha sin fin, siempre escapando.
De pronto algo se movió a nuestra
derecha en una zona donde las sombras no nos dejaban ver nada, recuerdo que
María apretó mi mano con fuerza mientras yo me interponía entre ella y lo que
fuera que se movía en la penumbra, un segundo movimiento hizo que John apretara
el paso del grupo y nos dejara rezagados, alcancé a enviarle una mirada de odio
profundo antes de sentir a María ahogar un grito y apretar mi mano más fuerte,
me voltee a tiempo para sentir como algo saltaba hacia nosotros.
-los vi pasar y tenía que unirme-
-¡MALDITA SEA VICENTE, CASI ME
MATAS DE UN SUSTO!
El anciano se apresuró a ponerse
en línea mientras con la mirada nos empujaba hacía delante, reanudamos el paso esperando que John no
hubiera decidido abandonarnos en medio de este laberinto o que hubiera sucedido
algo peor.
Después de unos minutos logramos
alcanzar a los demás mientras esperaban frente a una encrucijada, John no
estaba seguro que el camino correcto y pude notar por primera vez el peso de la responsabilidad en su
rostro, detrás suyo se estaba Meliza que perdía la paciencia a cada instante y
finalmente Marcos, que fue el único de los tres que sonrió al vernos después de
un instante de alegría y un abrazo inesperado de Marcos con Vicente, la tensión
volvió a sentarse sobre nosotros como una bruma, Meliza no dejaba de mover
ansiosa e impaciente las piernas y mirar casi compulsivamente su reloj, era
cuestión de tiempo para que estallara y nos pusiera a todos en la línea de
fuego.
John repasaba las direcciones
como un mantra, “izquierda, izquierda, derecha recto dos espacios, izquierda de
nuevo, derecha hasta el fondo, izquierda…” y volvía a empezar.
Al fin sucedió lo inevitable,
Meliza se levantó olvidando todo lo que habíamos practicado y empezó a correr
en dirección a la salida mientras apretaba su bolso con fuerza, todos sabíamos
que era solo cuestión de tiempo para que la puerta se abriera y todo terminara
sin embargo deseábamos con todo el corazón que lo consiguiera.
El sonido era familiar para
todos, el metal gritaba mientras giraba sin suficiente lubricante, la luz inundó los callejones y
corredores llenándolo todo con ese brillo palido y mortecino de las lámparas de
neón, Meliza giró la cabeza e intentó esconderse, pero ya era muy tarde.
Finalmente llegamos al final de
un corredor particularmente largo y sin salidas laterales, era una ruta muy
arriesgada, pero John la había elegido porque decía que nos llevaría más
rápidamente a la salida, un par de metros antes de llegar a terreno abierto ya
podíamos ver las señales que indicaban que podíamos escapar, todos aceleramos
el paso olvidándonos simultáneamente de cualquier precaución, la ansiedad nos
impulsaba a dar pasos cada vez más largos, a olvidar la angustia de todo el
tiempo que pasamos encerrados, casi podíamos sentir el viento en nuestras
caras.
De repente el sonido familias de
las bisagras cediendo a la presión y el reflejo de las luces de neón que nos
golpeaba de lleno arrebatándonos el color, john se congeló y pude ver el pánico
en sus ojos cuando giró la cabeza para ver de dónde provenía en sonido.
-John…pensé que ya te habías ido,
ven, quiero que aprovechemos el tiempo y adelantemos algunas cosas para el
lunes, mira, encontré a Meliza hace un rato y también se ofreció a ayudarnos…
Sé que pude haber ayudado a John,
creado una distracción en la sala de fotocopias, haciendo algún sonido en el
dispensador de agua o simplemente encendiendo una luz en algún cubículo para
desviar la mirada del jefe, pero John sabía como yo, que al final del viernes
las amistades de oficina son carne
de cañón, él hubiera hecho lo mismo.
Le falta edición, Manuel (que dijiste que harías el miércoles en la noche), se notan varios errores.
ResponderEliminarLa historia y el concepto están chéveres, pero no me gusta el no poder ubicarme hasta el final, sé que es el propósito, pero creo que se puede ejecutar mejor. También creo que el título no cuadra.