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miércoles, 23 de noviembre de 2011

El Jardín

El jardín central del palacio estaba diseñado de acuerdo a las indicaciones que el maestro constructor Han Fukita había dejado en su diario antes de morir, 1500 años atrás. los árboles de cerezo se alineaban en dos semicírculos concéntricos que al florecer esparcían miles de pétalos por todo el jardín, cubriendo por completo el piso de baldosas talladas individualmente para reflejar las estrellas. Los pétalos formaban entonces un nuevo suelo blanco y puro, el único que la princesa podía pisar, era entonces, al final de la primavera, cuando el jardín se convertía en el centro del universo para ella, pues solo durante 47 minutos de cada año, la hija del emperador, heredera del único representante de Dios sobre la tierra y comandante del viento divino, podía caminar por el jardín en completa soledad.

El ainoko caminó lentamente, tratando de no perturbar la distribución perfecta de los pétalos de flor de cerezo a través del suelo de baldosas. En el extremo opuesto del jardín esperaba la princesa, su kimono la calentaba en medio del frío del palacio campestre, pero aun así su aliento era visible al salir de su cuerpo. Al verla en su extrema palidez y ver su pelo negro que caía libremente sobre los hombros de kimono rompiendo cualquier etiqueta, no pudo evitar sonreír y sentir un poco de ardor en los ojos cuando ella le sonrió de vuelta. Tuvo que esforzarse para no romper el ritual que se habían impuesto tantos años atrás y correr hacia ella, en cambio mantuvo su avance ligero y lento, equilibrando su peso y esforzándose al máximo para no parecer torpe ante sus ojos, mientras ella lo miraban quieta como una estatua desde el otro lado.

Su ritual sagrado se prolongó por otros interminables 5 minutos: cada paso medido, cada gesto calculado, cada pétalo dejado en su espacio, cada ancestro mancillado, cada prohibición rota, todo se acumulaba para ese momento, cuando la princesa suspiraba con la respiración entrecortada y él sudaba en medio del frío inclemente de las montañas, sus manos a punto de tocarse y no separarse por 42 minutos.

El perfume de jazmines de su pelo ahora lo inundaba. Mientras él se perdía en ese mar negro y buscaba su cuello con los labios ella buscaba su espalda bajo las capas de cuero endurecido y madera que cubrían su persona. Cuando sintió sus uñas clavándosele en la piel y escuchó la risa burlona entre suspiros, supo que estaba en casa, a donde llegaba una vez al año y por 40 minutos podía olvidarse del código, de la realidad, de los asesinatos, de los ecos, del brillo de las hojas al cortar la carne, de la sangre. Podía dejar de ser una sombra, dejar de estar solo, bajar las
armas, abrir los puños, y entrelazar sus dedos con los de ella en esa conexión eléctrica que compartían desde la primera vez que se encontraron por azar cuando él era solo un niño esclavo.

En algún momento del ritual, el ainoko dejó de temer, de planear, de odiar y de luchar, y se entregó por completo a la comunión que le proponía la princesa, su propia mente se fundió con la de ella y una vez más como cada año, compartieron todo lo que eran, se fusionaron en un solo ser hecho por completo de electricidad, de claros y oscuros, de llenos y vacíos, y por un tiempo tan corto que no existen medidas para definirlo, sus personas dejaron se existir.

Jake abrió los ojos, aún podía sentir el perfume de jazmín mezclado con el aroma de las flores de Sakura. En la habitación flotaban varias alarmas que se mezclaban con las partículas de polvo que brillaban por todo el bunker. Una vez más había fallado, después de 3 días de intentos, ataques, retrocesos y engaños, al fin lo habían expulsado del nodo y al perder la conciencia había vuelto a casa, al jardín de la princesa, allí hubiera muerto contento, rodeado por la IA a quien amaba sobre todo lo demás, pero ahora se despertaba abrumado por el olor a químicos descompuestos que los purificadores de aire no lograban remover y el zumbido de los procesadores de datos corriendo en simultanea analizando miles de informes, reportes, noticias, foros y demás, buscando un nombre, entre billones de alias, nicks y ID. Lo único que le impedía caer de nuevo sobre el catre a esperar la muerte era el dolor en la cabeza.

mientras se limpiaba la sangre que escurría por su nariz y oídos, una alarma parpadeó en el espacio: Un acierto, un reportero acababa de descubrir las ruinas de un laboratorio en una zona selvática de China, las imágenes despertaron en Jake recuerdos para los que no estaba preparado y las lágrimas corrieron rojizas por sus mejillas.

Se levantó con dificultad y se dirigió al baño calculando la dosis de hypermorfina que necesitaría para ignorar el dolor y continuar mientras el perfume de jazmín se perdía en su memoria.

5 comentarios:

  1. Bacano, me gustó mucho la ambientación del asunto. Aunque no queda nada claro qué es lo que en realidad es el "ainoko", igual no es tan importante. Muchos errores que se pueden solucionar con una leída adicional, espacios que no van, mayúsculas, etc., fáciles de corregir.

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  2. Muy bueno, Manuel, bien la ambientación y la metáfora de la matriz. Secundo a David con lo de la segunda leída.

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  3. aclaro, ainoko es una palabra peyorativa en japonés para los medio japoneses, no lo había pensado pero claro, no saber depronto cambia el sentido de la palabra

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  4. ¡Ah! Fijate que sí, gracias por la aclaración.

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  5. Muy bueno manuel, excelente ambientación y redacción.

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