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jueves, 10 de noviembre de 2011

El principio del fin

¿Que sentido tiene el estar encerrado, bajo llave, con un papel en las manos y dispuesto a escribir tus últimas memorias, si no tienes la seguridad de que alguien las lea? El mundo parece vengarse con todo aquel que ponga en duda su existencia, la realidad da duros golpes a aquellos que intenten burlarla. Algunos dirán que la vida me noqueó, (que extraña se ve escrita esta palabra). Mejor, me dio un knockout. Pero yo me pararía frente a ellos y les gritaría que aquel que renuncia a su vida tiene mas valor que todos aquellos que caminan afuera mientras llueve desesperación y frustración a cantaros.

Si me encerré fue con un fin. Escribir, escribir y escribir, tal vez dormir un día que otro. No he entrado comida ni bebida, así que mi tiempo es limitado, dentro de tres días al menos estaré tan deshidratado que no tendré fuerzas ni para sentarme en esta butaca, ni para tomar la hoja de papel. Está oscuro, pero me niego a prender la luz; ¿para que?, que quiero ver aquí adentro si no hay absolutamente nada; no hay cama, no hay mesas, no hay adornos, no hay fotografías, no hay nada que sea mío. Solo estoy yo y mi butaca, yo y mi lápiz, yo y mi papel.

¿Por donde comenzarías si quisieras relatar tu historia? No cualquiera, sino la tuya. Aquella historia que te ha hecho ser lo que eres, esa que comenzó cuando saliste del vientre de tu madre y que se actualiza mientras lees estas líneas. ¿Por dónde comenzarías?

Hay un capítulo vagando en mis recuerdos, no sé si sea el primero, pero seguro esta ahí por algo. Un niño es una tablilla de fresca arcilla que queda marcada con liviana presión. No sé que edad tengo, estoy nadando, sólo. Mi pantaloneta de baño es verde, con algunos adornos amarillos parece. Tengo unos flotadores alrededor de los sobacos que me ayudan a sostenerme. Abajo se ve hondo. Pataleo, braceo y chapoleo también, no me muevo para ningún lado. Sólo intenciones, ¿allí me he quedado siempre?, sólo deseos sin consecución. Una tenue sensación de incapacidad ¿inutilidad? Comienza a abrazarme. No tengo nadas mas que hacer que echarme a llorar. Luego llega mamá con uno de sus abrazos.

Patrañas. Qué tiene que ver aquel indefenso impúber conmigo. ¿Es que guardamos algo en común? Miedos, angustias, deseos. No lo creo. Ya no busco ir a ninguna orilla, me he dejado hundir a la deriva, he renunciado a patalear, y mis lágrimas son palabras. No soy él, no soy quien fui. Desde hoy soy alguien nuevo. ¿Para que entonces escribir mí historia? Es una buena pregunta que ahora, acostado en el piso y con una de mis piernas sobre la butaca he resuelto. No escribiré MI historia, sino la de AQUEL que fui. No serán memorias, será un homenaje póstumo para aquel que me trajo aquí, Mi Reino.

Me ha tomado un poco acostumbrarme a escribir sin luz, pero no es tan difícil, es solo acomodar el papel sobre la butaca y sentarme abajo, esa parece ser la posición más cómoda hasta ahora. He trascrito de la mejor manera que he podido el episodio de mi tierna infancia. He terminado y me he acostado otro rato sobre el piso. Esta frío, pero es un frío que me gusta. Miro el techo buscando algo que no encuentro.

Si estas en un cuarto oscuro, sin luz, ¿para que tener los ojos abiertos? Voy a intentar mantenerlos cerrados. Adiós mundo cruel, será la última vez que te vea. He ido a tocar las paredes, a saborear las delicias del tacto, es una pared corrugada, seca, un poco arenosa. Quizá pueda hacer un hueco si hurgo insistentemente con mi uña. Ya está. Mi primera creación finalizada desde que entré, tiene el tamaño de un guijarro. Quizá quepa la punta de mi lengua. Mejor no intentarlo. Dormiré.

3 comentarios:

  1. buen intento David, pero la fecha límite era ayer y como sugiere el título del blog, te toca pagar.

    Por otro lado me gustó la idea y la narración, creo que hubieras podido extenderte en lo que sentía el escritor, encerrado a oscuras escribiendo hasta morir, es en todo caso una muy buena introducción a cualquier cosa.

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  2. Está bacano y bien escrito, pero me hace caer en cuenta que 600 palabras son muchas para un solo tema, pero muy pocas para contar dos cosas.

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  3. ¿Si estaba a oscuras cómo escribía?

    Por otro lado me parece que por la premura de las 600 palabras queda corto en muchos aspectos. Quizás habría sido mejor hacerlo en dos entregas para poder explorar lo que Manuel menciona arriba.

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