Intro
Aún no entiendo por qué todos los runners que comienzan a escribir un relato inician con una frase como “El trabajo era sencillo” o “Nada tenía por qué salir mal”. ¿En realidad hay gente que cree que hay panes comidos en este negocio? Me resistiré a eso. Así que comenzaré de otro modo.
El trabajo era putamente difícil. Era una mierda. El Johnson no entendía que la ciudad había cambiado. Con la General Angela Colloton en la presidencia de los UCAS y con Keneth Brackheaven en la gobernación de Seattle los recursos para seguridad habían aumentado en más del 25%. Y habían comenzado a tener resultados. Hace una semana habían muerto en una balacera en el puerto dos de mis más cercanos conocidos. Trsherker y Bill McCurry.
La propuesta era casi que ridícula. Meterle una bala en medio de las cejas a Billy Marrón. Un matonzuelo de baja monta, sí. No tenía detrás a ninguna Megacorp o a algún sindicato criminal, sí. Pero no era cualquier perico de los palotes, Marrón había ascendido en un solo par de meses gracias a un golpe de suerte que hizo que subiera un par de posiciones en una pandilla pequeña que hace poco dominaba la parte norte de Redmon Barrens.
Pero ese no era el problema. Había sido mi amante hace seis noches y en verdad quería volverlo a ver.
Fight hard
Por supuesto que iba a aceptar. Esa cantidad de nuyens juntos no se ven todos los días. Y con el tiempo había entendido que mi moral podía estirarse más y más sin yo misma entender sus propios límites. Hablé con dos viejos conocidos. Desde hace años que opté por recibir yo los trabajos y luego subcontratar a quien yo necesitara. Así ganaba más dinero y tenía que ahorrarme las discusiones grupales acerca de cómo hacer las cosas. Hablé con Feathered y Halle, prefería la compañía de chicas. Tres chicas. Tres pistolas. Un solo disparo.
Ubicar a Marrón era muy fácil, era sólo comunicarme a su commlink y lo tendría al frente diciéndome alguna guarrada y proponiéndome que nos viéramos en algún antro. Así lo intenté.
-Hey, Marrón. ¿Me recuerdas?
-Uhmm, ¿Sarah?
-No precisamente, imbécil.
-¡Ah! Orchid. Pensé que no te volvería a ver.
-¿Tanta confianza de tienes?
-Si no llamas a Marrón al otro día, es porque algo te sucedió y no lo llamarás. Le dicen síndrome de abstinencia, Orc.
-¿Orc? ¿Es lo mejor que tienes para decirle a una chica?
-Es una forma cariñosa , Orchid.
-Quiero verte Billy.
-Lo sé. Hoy en Trodium, ¿te parece?
-Ok, pero… No, está bien.
-Nueve.
-Hecho.
Había diseñado un plan sencillo. Iría al Trodium con él, tomaríamos un par de copas, el intentaría llevarme a su apartamento, yo aceptaría, y estando allá y teniéndolo desarmado, desprotegido –y posiblemente desnudo- Feathered y Halle llegarían y harían el trabajo sucio. Limpio, sí. Comencé entonces a revisar mi commlink, ¿qué amigos en común teníamos? ¿Esta no sería una manera de ganarme el título nacional de la Peor Perra de la ciudad? Maldición. ¿Qué hacía con Cash? Bueno, podría hablarle, explicarle que negocios son negocios, que no había nada personal. Que Marrón, bueno, Marrón había sido un amante un poco por encima del promedio pero nada por lo que alguien le salvaría el pellejo. Sí. Eso pensé que haría.
Nueve de la noche en Trodium. No entendía como un sitio tan mal arreglado podía estar tan de moda. Corporatas medios muy engalanados, las chicas con lo último en bioescultura, y un tufo a autosuficiencia que invadía todo el lugar. Enciendo mis gafas de realidad aumentada y lo entiendo bien. El sitio tiene una decoración virtual hermosa. Nada del minimalismo enfocado en información de otros sitios del distrito de Auburn, eso era barroco puro. El arquitecto y el programador habían logrado una sincronización tal que ni la decoración física ni la virtual podría disfrutarse igual la una sin la otra. Los vidrios, las luces reales, los TAGs. Entendí que esa era la mejor vista del lugar así que me quedé así. Fui a la barra y pedí mi favorito. –Un Arenas de Oriente, por favor.
Sentí que tocaron mi espalda. –Y uno para mi, Dan. En el taburete del lado se había sentado Billy, y estaba acompañado, de un Orc, y esta vez no era un nombre cariñoso. Era el orco más jodidamente grande que había visto. Si no fuera por los cuernos perfectamente habría pensado que era un troll de esos que se arrastran en el Ork Underground. El orco se sentó a su lado, así que Marrón había quedado en medio. Brindamos con los Arenas y comenzamos a tener una plática tonta y trivial. Política, deportes y clima, la combinación perfecta para atontar a un hombre. ¿Pero para atontar a dos? Llamé a Halle. Los orcos eran su especialidad.
Me gusta mucho porque evoca mi ñoño (con estilo) interno.
ResponderEliminarCuando introduces en el tercer párrafo el run, las afirmaciones distraen y hacen perderse en la lectura, creo que se podrías intentar reestructurar eso para que no afecte tanto la redacción y la comprensión.
El antepenúltimo párrafo no me cuadra su lío moral cuando ya antes se había afirmado en que eso no le importaba porque era superado por la paga.
Se abona mucho el hecho de que la runner fuese un revoltón reciente del target.
Espero las siguientes partes superen el intro.
A propósito run el viernes?
Casi no me gustó la historia, David, pero la descripción del mundo y la narración están bien. Me confunde un poco lo de Orc y como manejás el diálogo en el último párrafo.
ResponderEliminarCreo que si dejaste inconcluso el tema de la trilogía, no debiste comenzar con otro cuento que también quede por terminar.
Gracias, Mario. Yo también creo lo mismo JC, pero es que llevaba ya como 1500 y nada que iba a terminar entonces pensé que lo mejor era hacer un corte.
ResponderEliminara mí me gustó, aunque creo que no le metés cyberpunk al asunto, te faltan descripciones, ah y ya que es el tema recurrente tenés algunos typos ej:
ResponderEliminar-¿Tanta confianza de tienes?
por otro lado si cada parte del título es un subtítulo, te chiviaste el final en el segundo párrafo