Reglas

1. Las entradas deben ingresarse terminadas, hasta las 12:00 de la noche del miércoles de cada semana.

2. A partir de la fecha de publicación, los miembros del blog deben comentar en cada entrada, con impresiones, consejos y correcciones (de ser necesarias) hasta el viernes de la semana de publicación.

3. El autor de la entrada debe hacer los ajustes que sean pertinentes antes del siguiente miércoles, fecha en la que debe publicar su nueva entrada.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La guerra os dejo mi vida os doy

El sol golpea en mi rostro, aunque no quiera debo levantarme, deben de ser las 6 de la mañana y el gallo debe de estar por cantar.

Kikiriki, el gallo por fin retruena en el ambiente, todos en el recinto nos miramos con rostros de euforia, esa es la llamada de salida. Rápidamente nos aperchamos de lo necesario para salir. Es hora de que cumplamos con nuestra misión, para lo que fuimos creados. Pocos segundos después estamos a la entrada de nuestro cuartel, en total somos 5.

La primer cuadrilla del día. Debemos avanzar a paso firme, cuando por fin salimos de nuestro territorio un bosque denso nos espera. Debemos atravesarlo, avanzar a paso firme, sin detenernos por ningún motivo. No hay tiempo de otras ocupaciones, tenemos que cumplir con nuestro deber. 

Unos metros después se avecinan las primeras torres vigías, nuestro primer objetivo está por ser alcanzado... llegar con vida a ellas. 

Mientras llegamos a las torres dos superiores se nos unen. La convicción de sus rostros animan, incitan en medio de un futuro casi escrito. Aún así no hay por qué temer. Tenemos unas instrucciones claras. Debemos avanzar, nada ni nadie se debe interponer en nuestro camino. 

Más adelante se alcanza a divisar al enemigo. Ellos son 7 también. Estamos en igualdad de condiciones. Aún así se que nuestros dos superiores desequilibrarán la balanza en algún momento.

Por fin el primer encuentro se da. Me topo con uno de mis enemigos, comienzo a desgarrar sus entrañas con mis manos desnudas. Mientras él se encarniza con un uno de mis compañeros aprovecho para embestirlo. Poco a poco veo como su vida va quedando en cada uno de los zarpazos que le mando. Se ve debilitado y cansado está a punto de desfallecer. Aún así su determinación no desaparece. En ningún momento se divisa duda o angustia en su cara. Conoce su destino y lo acepta. Se parece mucho a nosotros. 

Poco antes de que su vida quedara impregnada en mis manos fallece. No alcanzo a ver quién fue, seguramente alguno de mis compañeros lo hizo. En ese mismo instante me percato de que uno de mis superiores es alcanzado por una saeta enemiga. Mi ser hierve en furia. Las instrucciones han sido muy claras. Nadie los puede tocar, nadie los puede dañar. Olvidando el resto del escenario de batalla vuelco todas mis fuerzas hacia el agresor. No importa nada más. Mi deber es protegerlo. 

Una vez alcanzo a embestirlo intento herirlo lo más que pueda. A pesar de que la batalla no sea entre pares trato causarle el mayor dolor que pueda. Debe comprender la magnitud de su error. El no puede tocar a ninguno de mis superiores. Y debe pagarlo con sangre. 

A pesar de mis firmes intenciones es poco lo alcanzo a hacer, sus aliados han dejado atrás lo que estaban haciendo, ahora soy yo quien recibe todo su odio, una descarga tras otra va minando mi vida, va acabando con lo que soy. Una descarga tras otra me va acercando a mi sino. Aún así no retrocedo, no vacilo, el agresor debe pagar. 

Sé que voy a morir. Pero alcanzo a divisar un rostro conocido. Él mismo que momentos antes me había llenado de ánimos. Sé que viene a ayudarme, sé que me va a tender la mano. Espero que cuando alcance esta batalla no sea tarde para mí.

Estoy muy herido, por donde me veo hay magulladuras y agujeros por los que mana mi sangre. Por fin llega mi aliado, se acerca a paso acelerado, su convicción me vuelve a llenar, me da alientos para continuar en la batalla.

Pero qué pasa, cuando desenvaina su espada decide asestar un golpe sobre í. ¿Por qué lo ha hecho? No entiendo que ocurre. Caigo al suelo, lo que restaba de mis energías termina por diluirse en el charco de sangre que brota de mí. Poco a poco cierro los ojos, mientras veo cómo mi superior hace lo mismo con mis otros dos compañeros que aún estaban en pie. 

¿Será que nos ha traicionado?



9 comentarios:

  1. ¡Jum! Quedé sin saber de qué se trataba, pensé que al final el lector se daba cuenta. Pero igual está chévere. Algunos errorcitos de digitación que se resuelven con una leída adicional que le des ahora.
    PD: ¿Tenía algo que ver con DOTA?

    ResponderEliminar
  2. JAJAJJAj, creo que solo yo lo entiendo, me parece muy buena la historia. Como dice David, una segunda leída puede corregir la redundancia en el primer párrafo, un "que" que te falta en 10mo y un par de comas regadas por ahí.

    ResponderEliminar
  3. By the way, no entiendo el título. ¿Está mal escrito o hace parte de aquello que sólo JC entiende?

    ResponderEliminar
  4. Mario la onomatopeya del gallo sobra, le baja muchísimo el tono que querés darle, lo de DOTA se olía, especialmente con lo de pelear a mano limpia, al fin no entendí por qué lo mató el aliado, pero me imagino que es un poder o algo. hay momentos muy dramáticos que son chéveres, y que los describís y alcanzan a dar cosquillitas, pero la pregunta final es casi un chiste, a todas luces para el árbolito ese es una traición, me sentí como cuando uno se cae y alguien le pregunta ¿se cayó?

    ResponderEliminar
  5. No tengo ni idea, pero si es un poder que hace que los aliados te ataquen, pues no es una traición.

    ResponderEliminar
  6. Espero que no se enfrasquen en si hago o no una narración de dota. Me baso en una dinámica del juego, sin embargo no es necesario seguirla, es una historia como cualquier otra...

    Por los errores las disculpas de siempre, a veces es muy apretado el horario y toca hacer un texto en 45 minutos o una hora pq ya me ha cogido la tarde.

    ResponderEliminar
  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  8. ¡Mario, tenés una semana entera y la U está en paro! Lo que dice Manuel es que la pregunta final sobra, creo que tiene razón.

    ResponderEliminar