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martes, 1 de noviembre de 2011

La Muerte y los muertos

Mincho había muerto, la sangre aún manaba del cuerpo como una manguera que alguien deja abierta, el líquido era espeso, tibio y negro, como el petróleo, inundándolo todo, manchándolo todo y llenando toda la habitación con ese olor a muerte que nunca se te quita de encima.

el llanto no la dejaba respirar y su cuerpo temblaba tan bruscamente que por momentos parecía tener voluntad propia. La sangre se acercaba lentamente, buscándola a ciegas en la habitación oscura. Ella retrocedió hasta que sintió la pared fría contra su espalda, Mincho la miraba fijamente desde el marco de la puerta, su cara estaba congelada en una expresión de terror que la deformaba casi hasta ser irreconocible mientras no muy lejos los gritos y las motosierras se fundían en un lenguaje nuevo que le susurraba al odido lo que le esperaba, Mincho había tenido suerte.

Las risas, los destrozos, las groserías y las botas pantaneras retumbaron en la pequeña casa hecha de barro y cuando entraron a la habitación ella no pudo contener un grito. La pequeña cama voló por los aires y 3 hombres la arrancaron del suelo mientras ella unía sus gritos al lenguaje que ellos habían creado en ese pueblito en medio de 2 montañas.

Cuando le arrancaron la ropa no pudo contener más las lágrimas, el primero en violarla fue un negro de manos ásperas como el ladrillo al que la boca le olía a cigarrillo y panela, sus dientes blancos brillaban en la oscuridad mientras se reía y le apretaba las tetas con fuerza, cuando ella gritó de dolor pudo sentir como él se excitaba y se forzaba en su interior, sintió como él respiraba agitado y con las manos la obligaba a mirarlo mientras buscaba su boca con la lengua. Al terminar la tiró sobre el charco de sangre al lado del cuerpo destripado de Mincho y por un instante ella vio su cara, sus ojos dilatados y su boca abierta, sintió su sangre aún tibia en todo el cuerpo y la saboreó cuando el mono empujó su cara contra el suelo para inmovilizarla. Entonces lo sintió dentro de ella, sintió la tierra del piso raspando sus rodillas cuando él se movía, sintió sus uñas romperse cuando arañó el piso para contener el dolor, lo sintió salir de ella riendo y sintió su escupa cuando él la arrojó sobre su espalda.

El tercero se llenó de rabia cuando fue su turno, ella estaba aún tirada en el suelo, muy cerca de su Mincho, llena de mugre y sangre, tratando de respirar y mantener los ojos cerrados cuando sintió la primera patada en el muslo, la segunda le sacó el aire y la tercera le rompió la nariz y la hizo perder el sentido.

Lo primero que vio al abrir los ojos fue la cara de su abuela, que la miraba fijamente, por un momento sintió alivio, pensando que todo había sido una pesadilla, entonces sintió el lenguaje del dolor en sus oídos, su nariz y en todo su cuerpo, y aún le costó un momento darse cuenta que la cabeza de su abuela era lo único que quedaba de ella, sintió el peso de otros cuerpos sobre el suyo y vio caras que conocía desde niña desfiguradas por el terror arrancadas y arrojadas a su alrededor, reconoció manos, pies y pechos y oyó el sonido de la motosierra que ahora rugía solo, sin gritos que lo acompañaran.

Por varias horas esperó, con los ojos fijos en su abuela tratando de contener las lágrimas que de nuevo se empujaban para escapársele por los ojos, mientras a través de los cuerpos destrozados de todas las personas que conocía se filtraban de vez en cuando risas que reconocería el resto de su vida. Así aprendió que el negro se llamaba Jaider, que el mono era Héctor y que el último de los tres era Jaime . Así aprendió también que ellos y los otros 20 habían llegado al pueblo buscando al hijo menor de doña trina, que había vuelto después de estudiar en la universidad de la ciudad porque alguien les dijo que había estado hablando de hacer poner agua en todo el pueblo y también aprendió hacia donde iban después.

En su mente empezó a geminar una raíz negra y llena de espinas, que se alimentaba de las lágrimas que no iba a derramar y de la sangre que esa montaña de cadáveres arrojaba sobre su cuerpo, ese día esta campesina, que había sido feliz casándose con el hijo desgarbado de un amigo de su papá y que había llorado de alegría el día que le dijeron que estaba embarazada, conoció la rabia, descubrió que le hablaba en el lenguaje del dolor y que le gritaba lo que debía hacer, y se juró a sí misma y a su abuela y a su papá y a su mamá y a Mincho y a doña Trina, a don Benito y a Lucy y a todos los demás que ahora yacían en pedazos a su alrededor que antes de morirse le enseñaría este lenguaje a esos 25 hombres que caminaban alejándose de ahí entre risas.

2 comentarios:

  1. Muy chevere, parece perfectamente el comienzo de una de esas películas de venganza. Sólo recuerdo algo confuso y es en la penúltima línea del texto cuando dice "se los enseñaría" ahí suena raro. Revisalo a ver si se te ocurre algo.

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  2. Está bacano, parece la trama de una película clase B, Pero sí creo que deberías usar más puntos seguidos y menos comas, para darle más tempo. igual me gustó.

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