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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Prisionera


El poco aire que aún se lograba filtrar por sus fosas nasales para abrirse paso hasta sus bronquiolos y así brindarle un poco más de oxígeno fue lo que la despertó. El hedor combinado entre tierra y humedad lograron perturbarla hasta que logró retomar la consciencia.

Lo primero de lo que se percató fue del encierro. Un terrible y aterrador encierro que la limitaba en un espacio de 2 X 1 metros. Consciente de esta situación y antes de que pudiera valorar cualquier otra cosa, se dejó llevar por sus primeros impulsos. Comenzó a mandar manotadas y patadas hasta donde las 6 caras del paralelepípedo en el cual se encontraba le permitían.

Tardó un par de minutos en comprender que así no lograría nada. Inhaló un poco más de ese fétido aire en procura de relajarse lo suficiente, como para permitir que la sangre llevara un poco de oxígeno a su cerebro y así este le permitiera idear, por lo menos, una forma de salir de esta situación.

Inició un ejercicio mental para ir hasta lo último que recordaba. Había salido muy temprano de su casa hacia el trabajo, había ido al parqueadero, se había subido a su carro, lo había encendido, hasta ahí su mente le colaboraba perfectamente, sin embargo no podía recordar nada más. No sabía que había pasado después. No sabía cómo había llegado a donde se encontraba actualmente. Y mucho menos tenía idea de quién le podría haber hecho eso.

Una vez se sintió frustrada con su intento de recordar la causa o el motivo por el cual se encontraba en esa situación, decidió comenzar un nuevo ejercicio mental.  Empezó a seleccionar toda la información que su cerebro había almacenado sobre situaciones como estas. Películas, series de televisión, telenovelas, literatura, historias que le habían contado, absolutamente todo lo que contenía características de la situación que estaba viviendo. Comenzó a filtrar mentalmente lo más importante desechando lo que sabía que por la ficción misma del contexto en el que se presentaba no lo podría usar. Al fin al cabo a eso era a lo que se dedicaba, era analista de bolsa y su oficio era precisamente eso, analizar.

Fue así como fabricó una lista de las cosas que debía hacer, sabiendo que lo principal para mantenerse con vida era no dejarse llevar por los ataques de pánico y ansiedad, los cuales provocan un aceleramiento del ritmo cardiaco y a la vez de la frecuencia respiratoria atentando con lo más sagrado en una situación así: el aire.

Siguió con la segunda cosa que tenía en mente: Indagar en sus bolsillos, tocar, palpar, investigar todo lo que la rodeaba para establecer las condiciones en las que se encontraba. Así fue como comenzó a tocarse por todas partes, se percató de que llevaba la misma ropa con la que había salido de su casa la última vez que estuvo consiente. Una falda que le llegaba 3 dedos por encima de las rodillas, medias veladas, una camisa de manga ¾ con boleros en el cuello. Tan sólo faltaban 3 cosas: sus tacones, su chaqueta y su bolso. Quizás lo que más hubiera deseado tener en ese momento era su bolso. Aun así pudo identificar un objeto que se encontraba a sus pies. Por el sonido que emitía cuando chocaba contra las paredes de su prisión parecía ser de plástico. En ese momento un embargo de ilusión apremió la totalidad de su ser. Podía ser un celular – pensó.

Después de contorsionarse, moverse, acercar y alejar el pequeño objeto que se posaba a sus pies, logró llevarlo hasta las yemas de los dedos de su mano izquierda, una vez ahí, se asió de él y lo llevó frente a su rostro. Al primer tacto no se parecía mucho a la imagen mental que tenía de un celular. Era demasiado pequeño y no contenía todos los accesorios que un teléfono móvil debería tener. Con este revés sufrió un pequeño bajón anímico, sin embargo, consiguió recuperarse a tiempo. Siguió escarbando cada una de las hendiduras y protuberancias del objeto, hasta que al fin dio con algo que parecía ser un botón. Al hundirlo una luz led proveniente de la pantalla del aparato se iluminó. Al darle la vuelta se topó con su peor sorpresa. Era un reloj cronómetro, tenía una cuenta regresiva y estaba por finalizar.

El apremio de la sorpresa desbarató por completo cada uno de los pasos que había instaurado con anterioridad en su mente. Esa cuenta regresiva no podía significar otra cosa que el tiempo aproximado para que el poco aire que aún residía en su tumba se transformara en dióxido de carbono.

Sus nervios se dispararon y todo su intento de racionalizar la situación sucumbió ante un mar de emociones incontrolables. Comenzó a gritar, de nuevo mandó patadas y manotones tratando de derribar la prisión que la separaba de su anhelada libertad. Comenzó a rasguñar lo que debería ser la tapa de la tumba en la que se encontraba. Sus dedos se hicieron añicos, ni siquiera el dolor que le producía cada arañazo lograba detenerla. Tras unos segundos el ambiente se combinó con el olor a sangre que brotaba de las heridas que se estaba produciendo.

El desespero y el terror eran su única compañía, y la imperiosa necesidad de liberarse de su prisión era la única idea que lograba conciliar. Pasaron pocos minutos después de su ataque de pánico para que el cronómetro emitiera su particular sonido a muerte. Sabía que el tiempo se había agotado y era cuestión de segundos para que entrara en shock y perdiera la consciencia. A pesar de ello, su estado y determinación no variaron, siguió manoteando y pateando a la nada. Su prisión no cedería y ese sería su fin.

Lo que más la irritaba era que el dispositivo que cantaba sus últimos instantes de vida no se callaba. Su sonido era tan insistente como la angustia que le generaba su situación. En su último intento por hacer algo que facilitara el escenario en el que se encontraba, antes de caer presa de la inconsciencia, fue intentar apagar ese chirrido infernal.

No lo consiguió, sintió cómo todo se volvía lejano, su encierro, el hedor a tierra y sangre, el dolor, el sonido. Su fin se acercaba, ya nada importaba. No obstante el pitido persistía. En su último intento para acabar con él, mandó su mano hacia dónde provenía el sonido. Este movimiento le hizo caer en la cuenta de que había tenido mucha libertad para extender su brazo, intentó recuperarse y abrir sus ojos. Cuando por fin lo consiguió, se dio cuenta de que se hallaba en su cama, estaba extremadamente sudada y cansada, se fijó a su izquierda y encontró el emisor del sonido que la tenía tan aterrorizada. Era su reloj despertador, marcaba las 6 de la mañana, la hora en que todos los días se levantaba para alistarse para salir hacia su trabajo.

Lo primero que hizo al retomar la calma fue buscar en su mesa de noche la libreta que la acompañaba después de cada una de estas experiencias. Intentó tomar nota de todo lo que había vivido, para en la tarde citarlo cuando tuviera la terapia con su sicólogo.

8 comentarios:

  1. ¡Bravo! Qué diferencia con los anteriores. Este se nota que le metiste mucho más tiempo, además también se nota que pudiste escribir sin pensar en terminar a las carreras después de las 600. Me gustó mucho. Podrías arreglar un poco más la edición del texto para que quedara más chevere frente a quien lo lee. Por ejemplo meterle los espacios en los párrafos que falta, el lector agradece que quien escribe se esmere en eso. Un error feo de ortografía es "conciente" no "consiente". Me gustó mucho mucho, el final no lo vi llegar. De lejos lo mejor que has escrito acá.

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  2. Bien, Mario, la redacción está bien hecha y la historia me tuvo tratando de adivinar, por un momento pensé que era una muñeca Barbie tomando conciencia de sí misma en la caja, luego que era una víctima de Jigsaw. Me gusta que vas mostrando un progreso.

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  3. Jajaja la del twist de la muñeca barbie habría sido sensacional...

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  4. jajaja, yo todo el tiempo estuve pensando en esa película "Buried".

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  5. Mario! me gustó mucho, casi lo dejo de leer de la angustia que me generó, creo que podrías dejar de intentar usar palabrotas que chillan con el resto como "bronquiolos" y "paralelepípedo" pero aparte de eso, me parece que como opinan los demás es lo menor que has escrito hasta ahora

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  6. Pegándole la releida depronto lo de bronquiolos si sobra, sin embargo no hay ninguna palabra, además de paraleleípedo, para dar cuenta de la forma 3d de un triángulo...

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