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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Trilogía de la nostalgia (I). Del pasado.


2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.


Cuando él intenta recordar tiene problemas.

Esa tarde salió a caminar. Se puso una chamarra gruesa, en diciembre los frentes fríos bajaban y alcanzaban a lamer a los defeños. Le sugirió que usara una también, la idea de tener que quitarse la suya en un rato para ofrecérsela no le parecía muy buena. Ella se la puso. Se veía hermosa. La ropa clara contrastaba con su piel oscura. Era una de esas que tiene capucha, cuando se la ponía y sólo sobresalía su naricita respingada y un mechón de pelo en la frente, él no podía evitar sonreír y sentirse el tipo más afortunado del mundo.

Bajaron del quinto piso, el departamento quedaba en una loma, un lugar tan empinado que el agua subía gracias a un dispositivo eléctrico. Desde ahí, hasta la caseta de la entrada se hacían unos diez minutos. Eran las siete y aún era claro. Venteaba calmadamente, pero la temperatura bajaba cada vez. Cruzaron la calle y empezaron a subir de nuevo. Atrás dejaban la avenida principal, una mole de concreto de veintinueve kilometros de largo que atravesaba la ciudad de norte a sur. Dejaban el bullicio del Metrobus pitando al llegar a la estación, dejaban las luces del McDonalds y de la Hummer estacionada en el Starbucks.

Y subían, subían a ese México que siempre fue más especial. El México colorido de las calles vacías, los perros callejeros babeantes, las tiendas de barrio abarrotadas de productos que te impiden moverte, el par de señores que siempre estaban afuera sentados en sillas de madera y un banquito donde ponían su sonda de orina. La lavandería, la esquina de los tamales, los tacos de guisado, el cementerio. Dejaban atrás el panteón y emprendían el camino hacia el centro. Las casas pequeñas y mal construidas ahora daban paso a las grandes casonas. Vírgenes pegadas en los marcos de las puertas, la Santa Muerte sobre otra, los grandes anticuarios.

Antes de llegar, se toparon con los hombres y mujeres que salían a botar el agua residual de la limpieza que hacían en el mercado, toda una manzana de comerciantes de carnes, verduras, ropa, juguetes, discos compactos, dvd y cualquier otra cosa a la que se le pudiera poner precio. Pararon a comprar una nieve de frutas antes de llegar. En ese punto ya las calles estaban decoradas, los breves destellos rojos, verdes, azules y amarillos que daban las serpentinas con la poca iluminación nocturna les entretenían mientras tanto.

El centro no estaba tan lleno. El Palacio Delegacional era particularmente bonito, toda la fachada era un largo mural que representaba la historia de Tlalpan desde su pasado Cuicuilca hasta la construcción de edificios recientes. Frente al Palacio estaba el parque, en el centro una rotonda elevada usada en el pasado como espacio de galanteo y de divertimentos musicales. Salpicadas por aquí y por allá unas bancas de hierro los esperaban. A su derecha, y separados por un vasto espacio verde, había una gran iglesia, unos niños jugaban con una piñata, sólo escuchaban su lejano murmullo.

Ahí sentados, él le tomó la mano por primera vez desde que salieron de su departamento. Sus manos eran significativamente más pequeñas y cálidas. Sentirlas entre las suyas le daba esa sensación de paz y tranquilidad que tanto vinculaba a ella y que no recordaba sentir antes. Le miró a los ojos y ejecutó el único ritual que se permite ejecutar de vez en cuando, en situaciones límite. Juntó las puntas de sus dedo pulgar, índice y corazón y las rozó dando vueltas. Ese simple ejercicio mnemotécnico buscaba impedir lo que él sabía que pasa siempre. El momento pasaría volando y su recuerdo, por más vivo que fuere, no le haría justicia. Sabía que cuando recordamos somos más agentes creativos que espectadores pasivos. No muchos son concientes del delicioso favor que hace la memoria. Recordar es construir, y no queremos construir malos recuerdos. Queremos los mejores posibles. Entonces, ¿por qué lamentar su imprecisión y no regocijarnos en aquello que nos garantiza una buena mirada hacia atrás? La respuesta es simple, ¿de qué sirve una foto de un paisaje hermoso si su resolución es muy baja?

¿Qué le garantiza que esa caminata sucedió una tarde y no una noche? ¿Qué que la chamarra de la chica era blanca y no negra? ¿Y si no fue en navidad? El pasado no está allí, intacto e inamovible, disponible como un libro bien escrito para ser consultado cuando queramos. Sin embargo está ahí, como una colección de manchas de humedad a las que le damos forma dependiendo de cómo nos sentimos, del mood en el que estemos.

Ahora, para él, sólo hay ciertas imágenes dispersas, un cúmulo de recuerdos que tiene asociados a unos relatos que él mismo se ha contado, les ha contado y contará cada vez con ligeros cambios. Relatos en los que vincula ciertas narraciones a unas emociones.

Sin embargo, a él no le interesan esos detalles dramáticos y teatrales. No le interesa la imagen en cámara aérea de esa pareja sentada en una banca bajo los árboles mientras los niños vendados intentan golpear la piñata. No le interesa la palabrería acerca del hogar que sentía en su mirada.

Sólo le gustaría estar ahí otra vez. Porque recordar no es suficiente.

6 comentarios:

  1. Muy bien, David, impecable la redacción y el mensaje, espero las otras dos partes.

    Solo tenés un par de errores con tildes (cúando, cómo) que solo se ponen cuando hay preguntas involucradas, y la palabra "área", creo que querías decir "aérea".

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  2. ¿Qué QUE la chamarra de la chica era blanca y no negra?

    Repites el que...

    me gustó mucho.

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  3. Gracias Mario.

    ¿Qué le garantiza que esa caminata sucedió una tarde y no una noche? ¿Qué [le garantiza] que la chamarra de la chica era blanca y no negra?

    Lo que hice fue no repetir el "le garantiza".

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  4. David, me gustó, se nota que tenés el tiempo para pulirte con la narración (cosa que deberíamos hacer todos) encuentro que le aparte de eso, tenés 2 errores, el primero es "Era una de esas que tiene capucha, cuando se la ponía y sólo sobresalía su naricita" creo que la "y" sobra en esa oración, del otro no me acuerdo, pero es algo similar.

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  5. Gracias Manuel. La "y" no sobra, estoy enumerando dos cosas que le hacían sonreír. Aunque sí hay algo raro en esa línea. La revisaré con más cuidado.

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