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martes, 13 de diciembre de 2011

Para un profe frustrado de otro no tanto. Respuesta a Camilo Jiménez

Hace unos días Camilo Jiménez, Profesor de  Comunicación Social de la Universidad Javeriana, renunció a su cátedra, argumentando que la incapacidad de sus estudiantes para escribir un párrafo lo frustraba. Básicamente, el profesor Jiménez en una emotiva carta publicada en el diario EL TIEMPO, nos cuenta una triste historia en la que a lo largo de un semestre intentó que sus estudiantes, de entre tercer y octavo semestre, escribieran un resumen de un texto el cual no sobrepasara la extensión de un párrafo. Al final del semestre no consiguió cumplir con éxito su labor, ni mucho menos avanzar en los demás contenidos de la clase. Así pues la decepción y la sensación de fracaso llevaron al profesor Jiménez a abandonar su profesión de docente y dedicarse a un retiro adelantado.

Lastimosamente, y en pocas palabras, la docencia es así: una suerte de avatares entre un grupo de muchachos totalmente desinteresados por lo que hacen, les hacen o pueden llegar a hacer en el ámbito académico. Tal cual como Camilo Jiménez lo describe son unos "nativos digitales" que no conocen la soledad ni la introspección. Viven en la imperante necesidad de sentirse escuchados, como si eso les confirmara que existen. Y si quisiera podría sentarme a elaborar un lista larga, bastante larga (de hecho), de las varias dificultades que encuentro como docente entre mis estudiantes y en general entre los jóvenes, por lo menos, de Cali.

Sin embargo, no es tanto la actual situación de los jóvenes lo que me sienta a escribir esto. Más bien lo que me suscita una gran impresión y que posteriormente me llevó a la reflexión fue la consecuencia que produjo esta situación en Carlos Jiménez, un profesor universitario que renuncia a su cargo a causa de sus estudiantes. Justo después de leer su comunicado lo primero que se me vino a la cabeza fue lo envidiable de su situación: el poder renunciar a mi labor como docente sin sentirme medianamente angustiado por el qué voy a hacer de ahora en adelante para llevar la comida a la mesa o complacerme de vez en cuando cualquier gusto que se me ocurriera. Porque de hecho !Sí!, los jóvenes (y sobre todo en el ámbito pre-universitario), son irritantes, angustiantes, desalentadores y en muchos aspectos son los culpables de una que otra cana. Dentro de esa lógica uno podría decir que lo más sensato para hacer, inmediatamente haya la oportunidad, es dar un giro de 180º respecto al ejercicio de la docencia y practicar una heroica retirada para sacudirse de esa tortura.

Sin embargo, después de haber superado el éxtasis que produce una masturbación mental como esa, toca volver a la realidad. En ese proceso caí en la cuenta de que esto de la docencia no es tan malo. Por lo menos no tanto como lo dibuja Camilo Jiménez. Si bien es cierto que hay una gran dificultad de comunicación con los estudiantes, y es totalmente cierto que se presentan escenarios frustrantes en los que no hay forma de concebir un camino que lo lleve a uno como docente a enrutar en la dirección que uno desea a sus estudiantes. Existen muchos otras cosas que llenan a los profesores de gozos y satisfacciones.

El difícil y arduo camino de buscar la manera más práctica, eficiente, directa y molida para que lo que queremos de una clase se cumpla, en ocasiones nos pone en grandes diatribas. Sin embargo, el placer de la docencia radica en eso. Buscar la manera de crear puentes que conecten generaciones que a veces se ven tan distantes, profesores - estudiantes, para que los unos y los otros lleguen a un feliz término de la relación que establecen, es algo muy satisfactorio. 

Por eso, estoy totalmente seguro de que el profesor Jiménez se equivocó en dos cosas. Primero, subrayar sobre la incapacidad de sus estudiantes para elaborar un párrafo no demuestra más que no agotó el derrotero de herramientas que tiene uno como docente para tocar a un estudiante, y que de una u otra forma el joven tenga la posibilidad entablar un diálogo horizontal en esa relación. Segundo, es claro que Camilo Jiménez se encontró con una vía ciega cuando intentó llevar a cabo el ejercicio que proponía, y que esto sumado con un par de semestre anteriores que venían mellando su espíritu docente lo empujaron a tomar una decisión, que a mi juicio fue apresurada, lo pone en evidencia como un sujeto con poca flexividad pedagógica  para acomodarse a escenarios que definitivamente no son estáticos. Los jóvenes de hoy no son los mismos que los de hace 10 años, por miles de razones, de igual manera que los jóvenes de dentro de 10 años serán radicalmente distintos a los de hoy. 

Para finalizar propongo el siguiente cuadro. Supongamos que tenemos una máquina del tiempo y que con con ella traemos a Leonardo Da Vinci a nuestra época, y le pedimos un favor: que discuta de sus conocimientos con un grupo de profesionales de diversas áreas. Entonces, citamos a un Comunicador Social, a un Matemático, a un Administrador de Empresas y a un Ingeniero Industrial. Me pregunto, ¿no se sentirá algo frustrado Leonardo, al ver que 500 años después de haber vivido el conocimiento se ha fraccionado tanto que le es imposible sostener una conversación de todo lo que él sabe con uno solo de los profesionales citados? En ese sentido, será que ¿algo pasó con la educación de esos profesionales que no son capaces de dar pie con bola en una conversación con Leonardo Da Vinci? ¿Habrá pasado algo en sus casas?

PD:  Aquí dejo el enlace de la publicación de Carlos Jiménez.



4 comentarios:

  1. Aprovecho esta entrada para hacer una propuesta a los integrantes de escribe o paga:

    - Qué les parece si hacemos un parón navideño hasta el miércoles 11 de enero del 2013. Puesto que se avecinan las festividades y diversos compromisos creo que podríamos hacer este breve receso en el blog.

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  2. No estoy de acuerdo en parar, no una semana, no más de un año, como lo proponés.

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  3. En cuanto al texto, tenés un par de errores de ortografía que seguro corregís en una segunda leída (como en el título, que te falta una coma).

    Hay algo que no me gusta y es que usás muchas muletillas cuando escribís en primera persona, "básicamente", "en pocas palabras", "o por lo menos", "que a mi juicio".

    No estoy de acuerdo con tu opinión, describís a los estudiantes como desinteresados, pero estás comparando clase en un colegio con cátedra en una universidad.

    Los 4 puntos que exponés me parecen muy flojos: Que rico retirarse, Ser profesor no es tan malo, el señor jiménez no hizo bien su trabajo, da Vinci no nos entendería. a través del texto no me das a entender que tenés conocimiento para hacer estos planteamientos.

    Por último, el ejercicio de Leonardo, mm, no me convence.

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  4. Mario, este artículo es un ladrillo, el lenguaje que usas es muy académico y no hace la lectura amable, no tienen consideración con el lector.

    Por otro lado creo como dice Jose que das tus opiniones sin un sustento real más que el de tu experiencia, que aparte de todo lo demás es adquirida en una situación completamente distinta a la del profesor Jiménez, que enseña escritura de no ficción en una de las universidades más caras y respetadas del país, el man lo mínimo que puede pedir es que un alumno de 8vo semestre escriba bien un párrafo.

    finalmente el ejercicio de DaVinci no tiene nada que ver con el resto, está como mal pegado con el resto.

    y no, no estoy de acuerdo en parar, las fechas especiales caen los sábados y si no querés escribir simplemente pagás.

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