"Sólo en aquellas cosas que nos conciernen más profundamente
mentimos claramente y con profunda convicción".
-Michael Moorcock, Elric de Melniboné
Tlín, Tlín, Tlín.
“¡Quiero hacer un brindis por los novios!”. Dijo Alek alzando su copa mientras miraba fijamente a León. El recinto quedó en silencio y desde el fondo Magdalena podía ver cómo León se mordía un labio. “Sí, quiero hacer un brindis porque ella lo merece”. Hizo una pausa y pasó su mirada por todos los ojos del recinto. Todos callaron, pero era fácil suponer que a la vez todos estaban tratando de predecir qué haría Alek.
Veinte días atrás, Magadalena le había sugerido a la Novia que no invitara a Alek. “Es una osadía”, le decía. “Él debe estar”, replicaba ella. Magdalena no podía creer que su hermana fuera tan insensata, Alek había intentado asesinar a León cuando habían hecho público su compromiso. Someter a León, a Alek, a ella misma y a toda la familia a un encuentro tan tenso solo podía explicarse por el carácter provocador y conflictivo que la Novia exhibía desde mucho antes de ser tal.
Magdalena podía recordarlo como si hubiera sucedido la noche anterior. Sus padres organizaron una reunión social invitando a familiares, amigos y colegas. La sala de la casa de los padres era muy grande, al menos unas cuarenta personas estaban ahí reunidas. El asunto había sido muy polémico y las versiones diferían enormemente. Helena, por ejemplo, había narrado como Alek preso de la furia había saltado a la mesa llevándose por delante a todos los hombres de la fiesta que intentaban detenerlo y ahí arriba se había abalanzado contra León. Dorotea, por otra parte, contaba una versión muy sutil, Alek había llegado temprano y al colarse en la cocina logró aplicar un poco de veneno en –la que pensaba- era la comida de León. ¿Cómo podían diferir tanto las historias? El lector no podrá saberlo, ni siquiera nosotros mismos desde nuestra privilegiada posición de narradores. Lo que había quedado claro era que Alek era un peligro para León. Y así se lo hizo saber León a la Novia en su debido momento. Ella le juró que tal cosa no volvería a suceder. “Tampoco volvería a intentarlo si hubiera tenido éxito –dijo León- un intento de asesinato, de lograrse, no se repite”.
La Novia, no queremos que se malentienda, ama a León. Pero tiene esa extraña relación con Alek que impide que se desate completamente de él. No necesita que Magdalena se lo recuerde para tener presente que Alek siempre estará orbitando a su alrededor, sólo esperaba que los primeros años de su matrimonio tal cuerpo estuviera en su afelio. Cerró sus ojos y se concentró. Juntó todo su pensamiento en Alek hasta que sintió que lo tenía tan cerca como para susurrarle. Y así lo hizo, “Debes dejarme ir”. Lo repitió hasta que despuntó el alba y el sol comenzó a entrar por el ventanal del cuarto. La tibia mañana le permitía ver los rasgos fuertes del rostro de León, así que dejó de pensar en Alek. Debían existir límites.
“He sido un tonto en el pasado. Y sólo puedo excusarme declarándome víctima de una tremenda debilidad en mi voluntad”, comenzó Alek su brindis. “Esta será la última vez que me dirija a León y su Novia. Así que intentaré hacerlo de la mejor manera. Como todos sabrán, conozco a la Novia desde que era pequeña, recuerdo como jugueteaba entre mis piernas mientras yo intentaba caminar. Recuerdo también cómo le mostré por primera vez qué era un jaguar y qué un sinsonte. La recuerdo aprendiendo a volar de mi mano, visitar lo más profundo de los acantilados del sur. La recuerdo sintiendo la brisa de la mañana en su rostro y soltando sonoras carcajadas por cualquier bobería que dijera. Sin embargo –dijo mientras comenzaba a caminar hacia ellos- no la recuerdo tan feliz como esta noche”.
Sus movimientos pausados y aparentemente calculados dejaron helados a todos. Tres de los hombres más grandes y fuertes presentes no dudaron en dar un paso hacia adelante. Magdalena pensó que su madre iba a caer desvanecida así que le pasó un brazo por detrás. Alek ya estaba a unos tres pasos largos de León y la Novia. “Y esa sonrisa, León, es a la vez prenda de pago y juramento. El desafío se lanzó y tú lo ganaste. He ahí tu premio. ¡Qué no se apague jamás! He ahí tu promesa”. Ahora Alek estaba sólo a un paso. “Jamás volveré a desear tu muerte. Pues ahora tu vida no sólo te pertenece a ti o a mí. Te respetaré como respetaría a su mascota menos amada”. Dijo antes de clavar su mirada en la Novia. Y así, con la mayor de las destrezas Alek chocó su copa con la copa que levantada tenía León. Pero no le miró. “Y a ti. Lo mejor de mí” y al decir esta última frase inclino su tremenda figura hacia adelante y besó la frente de la Novia. Esa noche, sabía Magdalena, Alek había dicho tres mentiras. Una mentira sobre su voluntad, una sobre lo que haría con León y otra sobre lo que prometía de sí a la Novia. Mentiras que acallaban tormentas.
Está chévere, David, se siente la tensión entre los personajes. La frase de Elric le sienta.
ResponderEliminarMe parece que el personaje de Magdalena sobra, no aporta mucho y en entradas tan cortas como las de este blog, la economía de personajes me parece útil.
Hubo un momento que me confundí, cuando dice que jugaba entre las piernas y le enseñó a volar y que un personaje se llame león me puso a dudar sobre la ambientación y su fantasía.
En general me gustó, solo le cambiaría algo y es separar el último parrafo en 2, desde "Esa noche...".
me parece muy bueno David, pero creo que sobran los comentarios que hacés por fuera del relato
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