Así
que el maldito colectivo pasa tarde otra vez y voy perdiendo mi trabajo cuando
llego a la entrada, solo para encontrar otra maldita manifestación frente a la fábrica,
los pinches jipis están en pleno apogeo, casi todos llevan pequeñas señales
luminosas que escriben en varios idiomas como soy un maldito asesino, un pica
carne sin conciencia, un mercader de la muerte, una máquina de matar sin alma y
sobre todo, como estoy condenando a una especie tan bella como esa a la
extinción.
Pero
a todas estas, ¿qué culpa tengo yo de que los dichosos animalitos sepan tan
rico? Es decir, seguramente hace diez mil años, cuando llegamos a esa tierra,
nosotros no sabíamos que se podían comer, me imagino que al principio algún
desubicado trató de comunicarse con ellos, es más me acuerdo que hasta hace
poco se habían inventado un aparato dizque para hablarles, pero, carajo, ¿para
qué quiero yo hablar con la comida?
Que
saben qué es dolor, que tienen sentimientos, que sienten miedo, que quedan muy pocos, que pueden usar herramientas, que
tienen lenguaje, que son mascotas bonitas, que ya acabamos su hábitat, que solo
existen los que criamos para comer y los de los zoológicos ¡a mí qué me
importa! Yo cuando veo un animal de
estos solo pienso en costillas horneadas, en perniles rellenos, en entrañas
fritas, ¡qué cosa tan rica! En la costa, mis primos se comen hasta la cabeza,
la rellenan con papas, carne de otras cosas y yerbas y ¡les queda increíble!
Y
entonces están estos jipis frente a la entrada de la fábrica, me ven bajarme
del colectivo con mi uniforme de 3 pesos, después de viajar desde que salió el
sol en Saturno y me empiezan a gritar y claro, el capataz ya nos ha dicho que
no debemos hacerles caso, que son riquillos que no tienen nada que hacer con su
vida, que si llegamos tarde le importa un culo de puta desechable, pero
¡carajo! Un maldito imbécil de estos me acaba de tirar un baldado de sangre,
¡¿cómo putas quiere que reaccione?!
Pako
me alcanza a agarrar antes de que mate el miserable este con mi lonchera
metálica, pero le alcanzo a dar un par de buenos golpes que le rompen la nariz,
de eso estoy seguro, aunque quería tumbarle al menos uno de los dientes.
Después del show los otros se apartan y nos dejan pasar sin joder más, todavía
levantan las señales, que muestran los rebaños, a los recién nacidos que usamos
como carne de primera y por supuesto que son tiernos, todos los animales son
lindos cuando nacen, pero ¿es que esta gente nunca ha probado una bistec de
carne de uno esa edad? ¡es deliciosa! Casi se deshace sola en tu boca, le
puedes sentir el sabor de la leche, y acompañada de un buen licor, ufff, a
veces me gastó la mitad de mi salario en una buena comida de estas y lo vale,
cada bocado lo vale.
Recuerdo
los buenos tiempos, cuando era pequeño e iba a cazarlos con mi papá y mi abuelo,
al viejo le gustaba aterrizar de improviso al medio de un grupo grande o de una
de esas aglomeraciones donde vivían de a millones y agarrar al primero que se
acercara para abrirlo en frente de los demás, el miserable era medio psicópata,
pero admito que la expresión del resto cuando se daban cuenta que no veníamos
“en son de paz” era increíblemente graciosa, y después cuando empezaban a
atacarnos con sus tubitos que escupían pedacitos de metal, ahhhh qué cosa tan
divertida, nos podíamos pasar días enteros simplemente caminando por su
planetica escogiendo los más gorditos para volver con ellos a donde la abuela,
que nos esperaba con los hornos prendidos.
¿qué
los humanos son inteligentes? ¡a otro con ese cuento!
Muy buena historia Manu, creí en el fondo que sabía a donde iba el agua...pero los detalles cotidianos de la sociedad occidental despistan, además que podría ser usado como una buena reflexión sobre el maltrato animal y todo eso. Aquí unas observaciones:
ResponderEliminar“pasa tarde otra vez y voy perdiendo mi trabajo cuando llego a la entrada”, esta parte no se entiende Manu.
“los pinches jipis están en pleno apogeo”, ¿Te refieres a que están de moda?, si ese no es el caso podrías buscar otra palabra referente a la situación en el tiempo apropiado de la narración.
“probado una bistec de carne de uno esa edad?”, de uno de esa edad?
Está chévere, pero le falta Punch, como algo que lo haga bueno. La historia me suena conocida, como algo que se dicen los ninhos: "Te gustaría que te hicieran lo mismo?" Pero creo que puede ser contestada mejor.
ResponderEliminar