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miércoles, 26 de noviembre de 2014

La máscara y las perlas



Ese día el tío Al me había llevado a encontrarme con mis padres después de que ellos salieran de una de esas gran cenas para recoger fondos en las que siempre estaban metidos, recuerdo que era principios de noviembre y ya soplaba el viento helado que caracteriza la ciudad durante todo el invierno, por lo que yo llevaba una gran chaqueta roja con el logo de los Knights que el tío Al me había regalado de cumpleaños. él me acompañó un rato en la entrada del cine, mientras fumaba su pipa y yo comía caramelos que me había comprado en la confitería.

Mi padre era un hombre inmenso, a mis ojos siempre fue un gigante al que sus trajes de diseñador no le lograban esconder la espalda ancha de nadador profesional y los brazos de boxeador, en su bigote poblado ya asomaban unas  canas que delataban su edad, igual que algunas pequeñas arrugas a los lados de sus ojos azules. Puede que sea mi mente la que construye estas imágenes, pero al bajar del taxi toda la calle se iluminó de luz, los tenebrosos callejones ya no parecían tan peligrosos y los vagabundos que poblaban esa zona de la ciudad, no me atemorizaban, sino que me daban un profundo pesar.

Tras de él venía mi madre, a quien tal vez, nunca pueda describir con exactitud, pues mi mente con los años ha construido alrededor suyo un halo de perfección difícil de romper. Recuerdo su piel de porcelana, sus labios delgados, sus ojos redondos y expresivos, en los que brillaba una luz que aún hoy al recordarla, ejerce en mi pecho una presión que me hace sollozar. Su vestido era de un blanco inmaculado y sobre su cuello, había un gran collar de perlas que brillaba como el mar, en la mañana.

Es difícil describir las sensaciones que experimenta un niño cuando ve a sus padres después de una larga ausencia, imagino que la palabra amor, es la mejor materialización de ese cúmulo de estímulos que hacen que la mente infantil se sienta al mismo tiempo plena, segura, feliz, llena de esperanza, emocionada por el futuro, libre de miedos y preocupaciones. En pocas palabras, se sienta llena de amor .

Eso es lo que recuerdo haber sentido durante las 2 horas en las que don Diego salvaba a toda California, excepto un momento, en el que debí dejar de ver las peleas con espadas y al voltear encontré las miradas de mis padres sobre mí, enlazadas en una sola, mientras sus sonrisas prometían que el mundo entero, estaría bien por siempre.

Al salir del teatro, el calor de los quemadores de gas fue arrastrado por el viento frío del invierno que nos golpeó de frente, mi padre pensaba que se acercaba una tormenta, de modo que en lugar de esperar al tío Al, decidieron ir a tomar un taxi a la avenida,  por lo que empezamos a atravesar el callejón que hay justo en la esquina del teatro. Recuerdo los grafitis, había uno muy grande que decía “Bienvenido al callejón del crimen ”
A mi padre el grafiti debió enojarlo, pues empezó a discutir con mamá sobre algo que yo no entendía, pues me había alejado persiguiendo un pequeño gato que salió de un basurero más adelante. Fue justo cuando lo había acorralado, que escuché el grito de terror de mi madre y me volteé para verlos de frente con un hombre que sostenía algo que brillaba bajo la luz de una lámpara.

Recuerdo el rostro de rabia de mi padre, recuerdo el collar de perlas de mi madre volando al romperse mientras liberaba miles de gotas de mar, recuerdo su vestido blanco, recuerdo los dos disparos, recuerdo el color del gato, recuerdo la mancha blanca en la mitad de su cara, recuerdo la rémington recortada que sostenía el asesino, recuerdo el olor de whisky y vómito en su ropa, recuerdo tantas cosas…pero no recuerdo su rostro, solo veo destellos de su mirada, esos mismos destellos que reconozco en cada maleante que encuentro, esos mismos destellos que se apagan cuando vuelvo su cara una pulpa sanguinolenta con mis puños.

2 comentarios:

  1. Santas pitufi historias batman. Vacano el cambio de narrativa, solo hasta la mitad caí en cuenta que se parecía a lo de batman. Me parece que le falta un toque más de oscuridad, se supone que Bruce Wayne está muy hecho mierda por dentro, no lo suficiente para ser el malo pero sí bastante para disfrazarse y salir por las noches a patear traseros. El remate al final esta como flojo creo que le podrías trabajar un poco más. Aquí un par de cosas que no me suenan:
    “una de esas gran cenas”, una de esas grandes.
    “yo llevaba una gran”, simplemente llevaba quedaría bien.

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  2. Está muy chévere. Por alguna extranha razón supe de qué se trataba desde el principio y leí todo el cuento recordando los fanfic de batman y pensando que debería escribir uno (creo que hemos hablado de eso).

    Aparte de las dós últimas líneas que te senhaló Rodrigo, falta un punto aparte y espacio entre dos párrafos, nimiedades.

    EN conclusión me gustó, no le cambiaría nada.

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