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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Gina

Al entrar en la vieja casa que cuidaba, Peter Gibson se sorprendió recordando a su esposa (“ex esposa”, le habría obligado a corregir su madre). Dejó las llaves y el celular en una mesita junto a la puerta (tal como Gina lo hacía), abandonó los zapatos al cerrar la puerta principal (como ella odiaba), desabotonó su camisa y se dirigió a la cocina. Planeaba dormir un rato considerable, y darse una ducha fría después de un trago de whiskey siempre le había funcionado. Con un poco de suerte no soñaría con ella.

Contabilizó el tiempo con el reloj sobre la estufa: eran las 5:00 pm; baño y café, cuarenta minutos; la siesta, una hora; arreglarse y salir, veinte minutos. Quedaba el tiempo suficiente para recoger a Ángela de la fiesta de cumpleaños que le permitió tomarse la tarde para él.

Sirvió el licor pensando en el día en el que se conocieron: una cata de vinos malos un corriente viernes de verano, Peter había organizado el evento para un cliente que no quería gastar mucho. Gina era una corredora de bolsa exitosa a la que todos los invitados pedían concejo.

Bebió el primer sorbo anhelando recordar el sabor del blended que estaban tomando cuando ella le pidió la mano, en el balcón de su penthouse. Todo había sido preparado en detalle, lo que fue encantador en ese momento, pero que solo eran un atisbo de la tormenta que fue su matrimonio.

Cuando bajó el vaso de whiskey comprendió porqué  su mente orbitaba alrededor de Gina: el ambiente olía a ella, al menos al producto que usaba para alisar sus rizos. Ese descubrimiento expulsó el aire de sus pulmones con una fuerte exhalación.

No acudieron a él los momentos de enamoramiento ni de amor reanimado por el nacimiento de su hija, sino las escenas de celos en público y la espiral de manipulaciones que lo arrastró en su último año juntos.

Su teléfono se sincronizó con el wifi del lugar y comenzaron a llegar mensajes atrasados, la vibración sobre la mesa en la entrada y los pitidos lo sacaron de su ensimismamiento y consumieron su batería, lo cogió y fue a ducharse.

El agua fresca en su piel lo relajó, como un masaje que disuelve un nudo muscular, nudo que se hizo al entrar en la casa. Entre la empresa de catering y cuidar a Ángela no le quedaba casi tiempo para él y sentía el agotamiento encima, pero había algo que le aceleraba el corazón y erizaba los vellos de los brazos. Su mente lo llevaba una y otra vez a la noche en la que Gina lo atropelló mientras se fugaba con la niña sobre la que él había ganado la custodia.

Mientras meditaba la razón de su malestar, hubo un corte de energía y la casa, construida en el siglo pasado y con muy mala iluminación, quedó a oscuras. Terminó la ducha e intentó alumbrar con su celular, pero resbaló de su mano directo al sanitario. El sonido que emitió fue de madera al golpearse, no el de un objeto al zambullirse. Recogió el celular e iluminó el inodoro. La tapa estaba abajo, aunque él siempre la dejaba arriba.

Cuando se vistió comenzó a revisar los mensajes en su móvil que alcanzaron a bajar antes que se apagara el wifi: mensajes de su hija desde la fiesta, de su hermana, cosas del trabajo y varios de un número desconocido. Se dirigían a él como "Sr. Gibson" y le pedían comunicarse de inmediato con el hospital mental donde estaba internada su ex esposa.

Su corazón golpeaba fuerte en su pecho y retumbaba en sus piernas mientras esperaba que le comunicaran al Dr. Jung. "Sr. Gibson, hubo una fuga en el hospital, la policía ha capturado a tres de los enfermos, pero creemos que hay al menos dos sueltos aún. No hemos podido encontrar a...", incrédulo, Peter se quedó viendo en la oscuridad la pantalla muerta de su teléfono.

Al llegar a la habitación para llamar desde el fijo, tropezó con sus zapatos pero conservó el equilibrio. Al tratar de llamar se dio cuenta que la línea no funcionaba. Entonces sintió el olor herbal del alisador de cabello más fuerte dentro del cuarto.

"Te estaba esperando, cariño. dónde está nuestra hija?"
"Te lo diré en cuanto sueltes ese cuchillo, Gina"

2 comentarios:

  1. Muy vacano lo del ejercicio jose, a veces hay algo extraño en la narración porque existen situaciones y costumbres ligadas culturalmente al género, estas ligadas a las raíces mismas de la historia y a pesar de ser cuidadoso al adaptar la historia, quedan por ahí volando, dando cierto sinsabor como de que hay algo que no cuadra. Definitivamente vale la pena buscar el libro y hacer esos ejercicios que te pueden ayudar a hacer esas reflexiones sobre la escritura.

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  2. No sé cual era el ejercicio, pero a mi no me parecio interesante, creo que le falta transmitir mucho del drama que narras, en realidad no me genera ni suspenso , ni ansiedad ni miedo y creo que esa era la idea, creo que se debe a que narras sin tratar de transmitir sino solo describiéndo

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