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martes, 11 de noviembre de 2014

Tercera parte-Capítulo 3. La hoja seca en la cabeza del mapache.


Al final de la tarde todos los participantes estaban de regreso en sus habitaciones, algunos celebrando en las salas comunes, otros comentando los combates y uno que otro, se sentó a contemplar la caída de la tarde por una ventana, mientras sus pensamientos se agolpaban en su cabeza. En verdad fue una mañana memorable y emocionante, no era común poder ver tal destreza y disfrutarla en todo su esplendor, pues lo normal era que solo en los campos de batalla los samuráis emplearan sus mejores técnicas y pocas veces los oponentes sobrevivían para contarlo.

Hikari era una de estas personas contemplativas, la frustración que cargaba desde hace unos días se le empezaba a volver insoportable, las cosas en realidad no estaba saliendo como se las imaginó. Un breve recuerdo de los días que paso enferma en el barco, se contrapuso con las ocultas esperanzas de aventura que guardaba al salir de su hogar. Luego recordó el episodio de la bruma en las llanuras de batalla y su mente se retorció un más en la contradicción, un pensamiento del que fue arrebatada por el aroma del té fresco que le acababan de traer, el encargado le hizo una reverencia y se retiró con una sonrisa mientras decía:

- Disfrute su té samurái sama, la vida nunca es lo que nos imaginamos.
Algo confundida vio llegar a Kai, quien después de atender sus asuntos salió a conversar un rato. Para algunos era raro que un Akodo fuera tan sociable, pues por lo regular eran casta de grandes generales y no de cortesanos, pero Kai sabia apreciar el valor de la información y recolectarla era una de sus más grandes habilidades. De cualquier forma él estaba ahí, hablándole sobre el día de mañana y con una enorme cantidad de expectativas respecto a la prueba que se realizaría. Hasta cierto punto eso la tranquilizo, nadie le podría quitar nunca el haber participado en este torneo y casi haber ganado con su habilidad una de las pruebas.

Dicen que cuando la noche se acaba, los sueños pasan mucho más rápido. De igual forma la noche siguió a la mañana como en un sueño, en el que Hikari, Kai y los demás participantes se encontraban de camino a cumplir la tercera de cuatro pruebas, lo único que sabían es que esta prueba era grupal y el ganador tendría gran reconocimiento y posición entre los miembros de Clan, pero en ese momento una cosa y solo una cosa tomo lugar en la cabeza de Hikari, esta vez lo lograría. Al final llegaron a la entrada de unas enormes ruinas, restos de un antiguo puesto de suministros que serían su campo de batalla, donde su misión seria recuperar una estatuilla dorada escondida en lo profundo de las ruinas y entregarla a uno de los delegados.

La entrada a las ruinas consistía en un pasaje flanqueado por paredes de piedra cubiertas de moho y otras malezas crecidas, al final del camino se abran las altas paredes de las ruinas que protegían lo que una vez fueron almacenes, alojamientos y talleres. Con rapidez los grupos corrieron por el pasaje y se dispersaron alrededor de los muros, cada uno buscando la manera de entrar al lugar de la prueba. El grupo de Kai encontró un lugar en la muralla para escalar, las habilidades de observación del futuro general no lo defraudaron, el más hábil de ellos subió y arrojo una cuerda para que subieran los demás, el trabajo en equipo era importante y decisivo en esta prueba.

Más al norte de la ubicación de Kai estaba el grupo de Hikari, parece que Taiga estaba en buenos términos con un Kami de aire, razón por la que le conto de una entrada secreta en el muro. Después de buscar un poco entre el moho y la vegetación en la pared, localizaron una roca con forma de sol que al ser presionada libero una tranca en el muro y con un ruido seco una parte de este cedió, dándoles acceso al interior de las ruinas. Un ambiente húmedo y oscuro los esperaba al interior, con una lámpara de mano sortearon la negrura que se extendía por el largo y angosto corredor.

Después de cruzar una puerta medio trancada ingresaron a una serie de corredores internos, llegaron a unas escaleras que los condujeron al interior de un gran edificio. Hasta ahora todo iba muy bien, o al menos eso pensaban hasta el momento de salir del pasaje y darse cuenta que ya solo iban tres. Uno de los Shiva había desaparecido y no se podían explicar como si el pasaje los había traído derecho hasta aquí, no escucharon ningún sonido estridente o grito si se hubiera resbalado o caído por algún lado. Hikari miró a Taiga y logró notar como la preocupación por un momento casi congestiona su rostro.

2 comentarios:

  1. Rodri debes añadirle mas emocion me parece, menos. CRonista y mas bardo, asi enganchas mas a la historia, ademas fijate en un par de errores de tildes que siempre te pasan

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  2. Está bacano, pero creo que te estás extendiendo mas de lo necesario. Me gustaría ver el ejercicio recopilado por fuera del blog, con algunas de las correcciones que te hemos hecho y ver que tal va así. Creo que podrías concentrar más la historia, quitando lo que sobra y quedaría algo muy bacano y fácil de leer.

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