Vi
entrar a cada uno de los empleados, vi llegar a la encargada de las boletas, la
vi, llena de tedio, quitarle el forro a su máquina, la vi encenderla y sentarse
en el asiento en el que seguramente se había sentado mil veces antes, vi a un
joven flaco y con cara de trasnocho abrir la puerta del almacén y lo vi voltear
el letrero de cerrado, vi mi sonrisa incontenible en el reflejo opaco en la
puerta de vidrio mientras entraba, vi el almacén de discos como si fuera la
primera vez, vi los detalles metalizados del piso, vi los brillos artificiales
pintados en las paredes, vi cada uno de los afiches que colgaban enmarcados de
las paredes, vi a todos y cada uno de los que ya estaban dentro, vi sus caras
de cansancio a pesar de que apenas eran las nueve de la mañana, vi sus
uniformes limpios pero viejos, vi sus gestos llenos de rutina, vi los
reproductores apagados, los televisores esperando recibir alguna señal y las
escobas en un rincón, aguardando que alguien las recogiera para empezar a
limpiar. Vi mi reloj, faltaban tres meses y doce días, vi la boleta en mis
manos y me vi allí ese día.
Sentí
el cansancio, sentí el dolor en las nalgas y la espalda, sentí las 10 horas del
viaje al fin asentándose en los músculos, sentí el frío bogotano pellizcándome
la cara, sentí el calor de mis amigos que se estrechaban uno con otro para
dejar pasar los ventarrones helados que bajan de la montaña, sentí el aire frío
en mi nariz, el sol picándome en las mejillas, sentí desespero por la fila
inmensa delante y los montones de coleados que llegaban a cada momento, sentí
el punzón agudo de la duda porque no llegaba la que estaba esperando, sentí mi
boleta arrugada en el bolsillo una vez más, sentí miedo, por un momento de
haberla borrado por tanto tocarla o de que no me sirviera para entrar, sentí
electricidad salirme desde el estómago y erizar todos mis pelos, Sentí la
emoción que hacía que todo lo demás se me olvidara.
Olí
la bareta de los de adelante, olí el pasto eternamente mojado del parque Simón
Bolívar, olí el cigarrillo en mi buzo, olí los restos del perro caliente de mil
pesos que me acababa de comer en mi jean, olí el perfume de una de mis amigas,
olí la cerveza que sostenía y que había derramado cuando empezó a moverse la
fila, olí a miles de personas que pasaban a mi alrededor mientras corrían al
puesto de entrada, mandando la fila a la mierda, olí los orines del tipo que no
fue capaz de salirse de la fila, olí la mierda de perro que hay en todos los
parques, olí el humo de los carros, el
afán en la gente que aceleraba el paso. Olí mi propio miedo cuando
me di cuenta que ella tal vez no me encontraría.
Saboreé
la saliva mientras tragaba el último trago de cerveza, saboreé el amargo que ya
había perdido todo el gas, saboreé el humo del cigarrillo, que se arrastraba
por mi lengua reseca y chocaba en el fondo de mi paladar como un golpe, saboreé
la brisa que pasaba, desde la mañana, cuando llegué, saboreé la esperanza
cuando al fin timbró mi celular, saboreé el gusto de saber que estaba cerca,
que ya casi llegaba, que no podía esperar verme. Saboreé su saliva, así nunca
lo hubiera hecho en verdad.
Escuché
mi corazón acelerarse hasta volverse una vibración continua en mi pecho,
escuché su voz gritándome alguna tontería, escuché a cincuenta mil personas
gritar cuando la banda salió al escenario, escuché mi propia voz quebrarse
cuanto mis pulmones no pudieron sostener mis gritos, escuché el bajo antes de
que hiciera vibrar el suelo, escuché la guitarra antes de que cortara el aire,
escuché la batería antes de que me golpeara el pecho, la escuché a ella gritar
a mi lado y me escuché a mí mismo susurrándole todo lo que nunca me atrevería a
decirle.
Muy entretenido, usa el recurso de la repetición si volverse un ruido sordo y tiene un lenguaje coloquial que no ralla en lo burdo.
ResponderEliminarAquí algunas observaciones:
-(sentí el calor de mis amigos que se estrechaban uno con otro para dejar pasar los ventarrones helados que bajan de la montaña) no entendí esta parte.
-(por tanto tocarla o de que no me sirviera para entrar) manuel me huele a dequeísmo, podría estar equivocado…pero me huele.
-(pelos, Sentí) ¿Era punto final o se te fue la mayúscula?
-(saboreé la brisa que pasaba, desde la mañana, cuando llegué,) creo que sobra una coma.
Está chévere, me gustó la lectura y el esquema.
ResponderEliminarYa que manejás tiempos para cada sentido (vista cuando compra la boleta, tacto cuando va en el viaje, audición durante el concierto), podrías intentar darle otro tiempo a olfato o gusto, porque siento que ambos suceden a la vez, justo antes del toque.
solo una cosa: En la parte del olfato, decís dos veces que oliste el perfume de amigas.
Me pareció chévere el contexto. Y a pesar de que usas diferetnes términos para la repetición. Si me parece qeu ese recurso en todos los párrafos me hizo elevarme.
ResponderEliminarEl uso de los explícitos en cada párrafo hace más completa la experiencia, en vez de abrumar al lector con sensaciones unisonantes, se enfoca en cada sentido, buscando las maneras más contundentes de hacerlo impactante. Sugeriría pensar más en puntos seguidos y menos en comas, como en un relato antiguo de Mario. Un estilo más telegráfico puede hacer cada sensación más holística, más impactante.
ResponderEliminarRecomiendo a Renata Adler, especialmente "Speedboat". Ella viene de la tradición periodística, así que es una reina para las descripciones.
El título es genialidad destilada.