Reglas

1. Las entradas deben ingresarse terminadas, hasta las 12:00 de la noche del miércoles de cada semana.

2. A partir de la fecha de publicación, los miembros del blog deben comentar en cada entrada, con impresiones, consejos y correcciones (de ser necesarias) hasta el viernes de la semana de publicación.

3. El autor de la entrada debe hacer los ajustes que sean pertinentes antes del siguiente miércoles, fecha en la que debe publicar su nueva entrada.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Las clases de tenis

A eso de los once años, estimulado por mis padres y el pequeño mundillo en el que vivíamos ingresé a mis primeras clases de tenis. Entre la gente que nos rodeaba, la práctica de un deporte era muy bien visto; y claro el tenis era el rey de los deportes de esa sociedad. De hecho, el ver a mi hermano y primos más cercanos jugarlo fue la mayor motivación. Comencé con lo básico,  raqueta vieja algo desvencijada heredada de mi hermano, pantalonetica corta muestra-muslo y camisetica blanca, porque eso sí el deporte rey se debe jugar de un impecable blanco. 

El primer día de prácticas me recibió Ramiro. Un profesorucho que definitivamente estaba aburrido de su trabajo, hacía poco o más bien nada por los recién llegados. En ese día practicamos lo básico, el swing de la mano diestra, que en mi caso ambas terminaron siendo siniestras. No agarraba ninguna y la que medio alcanzaba a rozar iba a dar a un lugar totalmente distinto del que deseaba.

Eso no me desmotivó. Eral el primer día y nadie nacía aprendido. Lo lamentable fue que al cabo de un par de meses esa excusa que me había planteado ya ni me convencía a mí. En casa el apoyo de mis padres era incondicional. En clase lo único que me esperaba eran las burlas de todos mis compañeros, quienes ya habían escalado en su nivel y cambiado de entrenador. Hasta creo que Ramiro se reía de mí, siempre estaba con tremenda carcajada con los recoge bolas cuando era mi turno de practicar por milésima vez el swing.

El día que decidí mandar todo a la mierda e ir a echarle en la cara a mi entrenador un gargajo salido del alma llegó Dani. Era la peladita más hermosa que había visto en toda mi vida. En ese momento le puse unos doce, cuando en realidad tenía apenas diez. Su cara era como la de uno de esos angelitos que cuelgan las mamás en las paredes de las casas,  el pelo era de un dorado intenso que caía enroscado sobre su espalda y su piel era de un color canela natural completamente hipnótico. Ese día me hice el enfermo, no practiqué y me fui temprano. No quería que la primera imagen que tuviera de mi fuera la de un patético hombre que después de varios meses de entrenar aun no le podía dar a la bola. 

Cuando llegué a mi casa me puse a idear un plan que me hiciera ganar puntos con ella. Estuve toda la tarde y gran parte de la noche con lápiz y papel anotando ideas y tirándolas al cesto de basura. A eso de las tres de la mañana, vencido por el sueño y la frustración le dejé una notica a mi mamá diciéndole que me despertara temprano para ir al entreno. Ya improvisaría algo al otro día. Igual siempre le oía decir a mi hermano que todo sale mejor cuando uno improvisa.

Nada  más al llegar a la cancha ya sentía como la barriga se me llenaba de maripositas, le había oído hablar a mi mama que eso pasa cuando uno siente algo por alguien, pero Dani ni siquiera estaba presente. Así que fui al baño para evitar una mala pasada. Después de un buen tiempo sentado en el inodoro y tratando de pensar en cómo acercarme a Dani, di por hecho que no eran churrias. Me levanté y me fui decidido a hablar con ella.

Cuando llegué el enteramiento estaba a punto de terminar y ella estaba sentada en uno de los quioscos laterales a la cancha con una sonrisa de oreja a oreja mientras hablaba con Paquito, uno de los recoge bolas. En ese momento se me iluminó la cabeza. Iba a esperar a que todo el mundo se fuera, incluso Dani, me iba a acercar a Paquito y le iba a pedir el cruce de que mañana me presentara ante ella y que  le propusiera que jugáramos a las escondidas después del entreno en el bosquecito que había detrás de la cancha. Todo salió a pedir de boca y Paquito aceptó. Menos mal había tenido presente lo que dijo mi hermano, la improvisación siempre lo saca a uno de apuros.

Ese día llegue completamente excitado a mi casa, ni siquiera comí. Me encerré en mi cuarto a pensar en la forma de aprovechar un chance cuando estuviéramos jugando. Finalmente todo llegó a mi cabeza como si fuera una película. Yo iba a perder a propósito el juego de "este zapatico roto", iba a contar bien despacio para que se escondieran muy bien y cuando fuera a buscarlos me iba a dedicar a encontrar a Dani, si por casualidad daba con Paquito lo iba a ignorar, y en el momento en que estuviera con ella de una le iba zampar un beso, sin pensarlo. Seguramente eso la cogería por sorpresa, pero creía que le terminaría a gustando.

Todo salió tal y como lo había pensado. Paquito me la presentó, le comentó lo de la jugada y ella aceptó dichosa. Eso me lleno de motivación, lo único en lo que podía pensar durante la clase era en que se terminara los más rápido posible. Al fin toco el pito el entrenador y era el momento de hacer lo mío. Esperamos a que todos se fueran y nos colamos por una de las rejas rotas hacia el bosque. Ahí tomé la iniciativa y comencé a recitar "este zapatico roto" haciendo que quedara de último el mío para ser el primero en salir a buscarlos, obviamente puse cara de mal gusto para que no se notara tanto mi plan.

Conté muy lentamente y cuando llegue a cien salí a buscar a Dani. Estuve un buen rato dando vueltas por entre los árboles, crucé un riachuelo que pasaba por ahí, hasta me pegué una caída tenaz en el barro, pero mi determinación no cambiaba. Unas ligeras risitas de niña me llamaron la atención, creí que me  habría visto pasar y no contuvo los nervios. Me concentré en esa zona. Luego de un rato un mechón de su pelo que sobresalía del tronco de un árbol la delató. Me acerque lentamente para que no fuera a salir corriendo hacia el tacho y aprovechar para llevar a cabo lo ideado, pero fue mi decepción de verla enjugada en la geta de Paquito lo que me terminó pasando. Los dos estaban en tremendo beso cuando los descubrí, apenas me notaron lo que hicieron  fue salir corriendo mientas gritaban tacho a carcajadas y cogidos de la mano. Yo me di la vuelta y me fui  para mi casa.

Al siguiente día fui como si nada al entreno. Jugué igual de mal que siempre, se rieron de mi igual que siempre. Y al final me acerqué al quiosquito en el que se sentaban Dani y Paquito. Alisté mi cuerpo, preparé mi garganta, luego saboreé mi boca y cuando estaba frente a ellos, cuando había atrapado su atención y ambos me miraban esperando a ver qué les iba a decir. !Zaz¡ lancé tremendo escupitajo amarillo verdoso a la cara de Dani. ¡Cómo gocé su rostro de horror esos pocos segundos! mientras ella no comprendía qué pasaba y el gargajo se deslizaba por esa angelical cara cuesta abajo. Al instante salí corriendo y me fui de una para mi casa. Esa fue mi última lección de tenis. Más bien me dediqué al fútbol en donde también era un completo paquete.


5 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Evita abusar de los diminutivos Mario, se vuelve un vicio molesto. Trabaja un poco más en la puntuación donde haces los cambios de ritmo o las pausas, puedes intentar leer en voz alta para ver dónde van las comas. Y definitivamente tu personaje necesita ayuda psicológica, es como un Woody Allen mezclado con Norman Bates.

    ResponderEliminar
  3. Recomiendo "Flappers and Philosophers", la compilación de Francis Scott Fitzerald, particularmente "Bernice Bobs her Hair": http://www.gutenberg.org/ebooks/4368

    Lo de los diminutivos está justificado en la visión del narrador. Diría es considerar más el uso de puntos seguidos y menos comas, para darle más importancia a cada acción e impresión específica, que es lo más interesante del relato. No la mala fortuna, sino la manera en que el narrador lidia con ella.

    ResponderEliminar
  4. PY, siguen los problemas de puntuación, ya te los he mencionado muchas veces. La recomendación de rodrigo de leer en voz alta es válida.

    La historia está chévere, muy casual, me gustó. Hay un par de errores de tipeo que pueden corregirse en una releída.

    btw, el deporte rey es el fútbol.

    ResponderEliminar
  5. Marito, como panteás la historia es interesante, pero creo que el final se deja sentir desde mucho antes, por la forma como introducís los personajes, te anoto un par de cosas que vi:

    - la práctica de un deporte era muy bien visto; (concordancia, la practica era muy bien vista)
    - Eral el primer día y nadie nacía aprendido. siguen sin nacer aprendidos, la frase debería estar en presente)
    -de entrenar aun no le podía dar a la bola. (en este caso aún es con tilde, sinónimo de todavía)
    -Dani ni siquiera estaba presente. Así que fui al baño para evitar una mala pasada. Después de un buen tiempo sentado en el inodoro y tratando de pensar en cómo acercarme a Dani, (podrías evitar nombrarla la segunda vez y simplemente decir "acercármele")
    -pero fue mi decepción de verla enjugada en la geta de Paquito lo que me terminó pasando (esta frase no tiene sentido y jeta es con jota)

    en general Marito te puedo decir que cuando escribís de afán se te nota mucho, la anécdota es chévere y da para una historia más entretenida.

    ResponderEliminar