A eso de los once años,
estimulado por mis padres y el pequeño mundillo en el que vivíamos ingresé a
mis primeras clases de tenis. Entre la gente que nos rodeaba, la práctica de un
deporte era muy bien visto; y claro el tenis era el rey de los deportes de esa
sociedad. De hecho, el ver a mi hermano y primos más cercanos jugarlo fue la
mayor motivación. Comencé con lo básico, raqueta vieja algo desvencijada
heredada de mi hermano, pantalonetica
corta muestra-muslo y camisetica blanca, porque eso sí el deporte rey se debe
jugar de un impecable blanco.
El primer día de prácticas me recibió
Ramiro. Un profesorucho que
definitivamente estaba aburrido de su trabajo, hacía poco o más bien nada por
los recién llegados. En ese día practicamos lo básico, el swing de la mano diestra, que en mi caso ambas terminaron siendo
siniestras. No agarraba ninguna y la que medio alcanzaba a rozar iba a dar a un
lugar totalmente distinto del que deseaba.
Eso no me desmotivó. Eral el
primer día y nadie nacía aprendido. Lo lamentable fue que al cabo de un par de
meses esa excusa que me había planteado ya ni me convencía a mí. En casa el
apoyo de mis padres era incondicional. En clase lo único que me esperaba eran
las burlas de todos mis compañeros, quienes ya habían escalado en su nivel y
cambiado de entrenador. Hasta creo que Ramiro se reía de mí, siempre estaba con
tremenda carcajada con los recoge bolas cuando era mi turno de practicar por milésima
vez el swing.
El día que decidí mandar todo
a la mierda e ir a echarle en la cara a mi entrenador un gargajo salido del
alma llegó Dani. Era la peladita más hermosa que había visto en toda mi vida.
En ese momento le puse unos doce, cuando en realidad tenía apenas diez. Su cara
era como la de uno de esos angelitos que cuelgan las mamás en las paredes de
las casas, el pelo era de un dorado intenso que caía enroscado sobre su
espalda y su piel era de un color canela natural completamente hipnótico. Ese día
me hice el enfermo, no practiqué y me fui temprano. No quería que la primera
imagen que tuviera de mi fuera la de un patético hombre que después de varios
meses de entrenar aun no le podía dar a la bola.
Cuando llegué a mi casa me
puse a idear un plan que me hiciera ganar puntos con ella. Estuve toda la tarde
y gran parte de la noche con lápiz y papel anotando ideas y tirándolas al cesto
de basura. A eso de las tres de la mañana, vencido por el sueño y la frustración
le dejé una notica a mi mamá diciéndole que me despertara temprano para ir al
entreno. Ya improvisaría algo al otro día. Igual siempre le oía decir a mi
hermano que todo sale mejor cuando uno improvisa.
Nada más al llegar a la
cancha ya sentía como la barriga se me llenaba de maripositas, le había oído
hablar a mi mama que eso pasa cuando uno siente algo por alguien, pero Dani ni
siquiera estaba presente. Así que fui al baño para evitar una mala pasada. Después
de un buen tiempo sentado en el inodoro y tratando de pensar en cómo acercarme
a Dani, di por hecho que no eran churrias. Me levanté y me fui decidido a
hablar con ella.
Cuando llegué el enteramiento
estaba a punto de terminar y ella estaba sentada en uno de los quioscos
laterales a la cancha con una sonrisa de oreja a oreja mientras hablaba con Paquito,
uno de los recoge bolas. En ese momento se me iluminó la cabeza. Iba a esperar
a que todo el mundo se fuera, incluso Dani, me iba a acercar a Paquito y le iba
a pedir el cruce de que mañana me presentara ante ella y que le
propusiera que jugáramos a las escondidas después del entreno en el bosquecito
que había detrás de la cancha. Todo salió a pedir de boca y Paquito aceptó. Menos
mal había tenido presente lo que dijo mi hermano, la improvisación siempre lo
saca a uno de apuros.
Ese día llegue completamente excitado
a mi casa, ni siquiera comí. Me encerré en mi cuarto a pensar en la forma de
aprovechar un chance cuando estuviéramos jugando. Finalmente todo llegó a mi
cabeza como si fuera una película. Yo iba a perder a propósito el juego de
"este zapatico roto", iba a contar bien despacio para que se
escondieran muy bien y cuando fuera a buscarlos me iba a dedicar a encontrar a
Dani, si por casualidad daba con Paquito lo iba a ignorar, y en el momento en
que estuviera con ella de una le iba zampar un beso, sin pensarlo. Seguramente eso la cogería por
sorpresa, pero creía que le terminaría a gustando.
Todo salió tal y como lo había
pensado. Paquito me la presentó, le comentó lo de la jugada y ella aceptó
dichosa. Eso me lleno de motivación, lo único en lo que podía pensar durante la
clase era en que se terminara los más rápido posible. Al fin toco el pito el
entrenador y era el momento de hacer lo mío. Esperamos a que todos se fueran y
nos colamos por una de las rejas rotas hacia el bosque. Ahí tomé la iniciativa y
comencé a recitar "este zapatico roto" haciendo que quedara de último
el mío para ser el primero en salir a buscarlos, obviamente puse cara de mal
gusto para que no se notara tanto mi plan.
Conté muy lentamente y cuando
llegue a cien salí a buscar a Dani. Estuve un buen rato dando vueltas por entre
los árboles, crucé un riachuelo que pasaba por ahí, hasta me pegué una caída
tenaz en el barro, pero mi determinación no cambiaba. Unas ligeras risitas de niña
me llamaron la atención, creí que me habría visto pasar y no contuvo los
nervios. Me concentré en esa zona. Luego de un rato un mechón de su pelo que sobresalía
del tronco de un árbol la delató. Me acerque lentamente para que no fuera a
salir corriendo hacia el tacho y
aprovechar para llevar a cabo lo ideado, pero fue mi decepción de verla
enjugada en la geta de Paquito lo que me terminó pasando. Los dos estaban en
tremendo beso cuando los descubrí, apenas me notaron lo que hicieron fue
salir corriendo mientas gritaban tacho a
carcajadas y cogidos de la mano. Yo me di la vuelta y me fui para mi
casa.
Al siguiente día fui como si
nada al entreno. Jugué igual de mal que siempre, se rieron de mi igual que siempre.
Y al final me acerqué al quiosquito en el que se sentaban Dani y Paquito. Alisté
mi cuerpo, preparé mi garganta, luego saboreé mi boca y cuando estaba frente a
ellos, cuando había atrapado su atención y ambos me miraban esperando a ver qué
les iba a decir. !Zaz¡ lancé tremendo escupitajo amarillo verdoso a la cara de Dani. ¡Cómo
gocé su rostro de horror esos pocos segundos! mientras ella no comprendía qué
pasaba y el gargajo se deslizaba por esa angelical cara cuesta abajo. Al
instante salí corriendo y me fui de una para mi casa. Esa fue mi última lección
de tenis. Más bien me dediqué al fútbol en donde también era un completo paquete.
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ResponderEliminarEvita abusar de los diminutivos Mario, se vuelve un vicio molesto. Trabaja un poco más en la puntuación donde haces los cambios de ritmo o las pausas, puedes intentar leer en voz alta para ver dónde van las comas. Y definitivamente tu personaje necesita ayuda psicológica, es como un Woody Allen mezclado con Norman Bates.
ResponderEliminarRecomiendo "Flappers and Philosophers", la compilación de Francis Scott Fitzerald, particularmente "Bernice Bobs her Hair": http://www.gutenberg.org/ebooks/4368
ResponderEliminarLo de los diminutivos está justificado en la visión del narrador. Diría es considerar más el uso de puntos seguidos y menos comas, para darle más importancia a cada acción e impresión específica, que es lo más interesante del relato. No la mala fortuna, sino la manera en que el narrador lidia con ella.
PY, siguen los problemas de puntuación, ya te los he mencionado muchas veces. La recomendación de rodrigo de leer en voz alta es válida.
ResponderEliminarLa historia está chévere, muy casual, me gustó. Hay un par de errores de tipeo que pueden corregirse en una releída.
btw, el deporte rey es el fútbol.
Marito, como panteás la historia es interesante, pero creo que el final se deja sentir desde mucho antes, por la forma como introducís los personajes, te anoto un par de cosas que vi:
ResponderEliminar- la práctica de un deporte era muy bien visto; (concordancia, la practica era muy bien vista)
- Eral el primer día y nadie nacía aprendido. siguen sin nacer aprendidos, la frase debería estar en presente)
-de entrenar aun no le podía dar a la bola. (en este caso aún es con tilde, sinónimo de todavía)
-Dani ni siquiera estaba presente. Así que fui al baño para evitar una mala pasada. Después de un buen tiempo sentado en el inodoro y tratando de pensar en cómo acercarme a Dani, (podrías evitar nombrarla la segunda vez y simplemente decir "acercármele")
-pero fue mi decepción de verla enjugada en la geta de Paquito lo que me terminó pasando (esta frase no tiene sentido y jeta es con jota)
en general Marito te puedo decir que cuando escribís de afán se te nota mucho, la anécdota es chévere y da para una historia más entretenida.