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miércoles, 8 de octubre de 2014

Capítulo 0. Preludio

Mario reconoció al hombre sentado a su lado y le dio mucha satisfacción ver el estado deplorable en el que había quedado. Seis días habían pasado desde la incursión a la oficina de la pirámide, que estaba estafando a los habitantes de un barrio de clase media en la ciudad. Curiosamente fueron seis hombres a los que su equipo dejó inconscientes o parcialmente lisiados, y seis maletines llenos de dinero los que robaron ese día.

Lo analizó mientras esperaba la llamada del terapeuta a través de los parlantes de la sala de espera: El individuo en cuestión tenía moretones en el rostro, la nariz hinchada y le faltaban unos dientes; el brazo izquierdo estaba enyesado desde el hombro y su mano derecha parecía estar a punto de reventar por debajo de los vendajes. Además tenía un par de muletas a su lado y una de las piernas de la sudadera se veía más llena que la otra.

La idea de dejar en ese estado a sus “objetivos” había sido de Daniel, él decía que mandaba un mensaje a los demás criminales profesionales: “es muy fácil no tenerle miedo a la muerte, pero muy distinto sobrevivir como un vegetal”. Desde que lo aprobaron, se dedicaron a romperle las manos, costillas y piernas a cada enemigo que lograban neutralizar, siempre que pudieran disponer de algunos segundos y lograran contener los gritos para no perder el subterfugio.

Lo acongojó entender que jugar con sus presas así les pasó factura al poco tiempo: En su cuarta salida Daniel recibió un tiro en la frente y Mario uno en la rodilla. Fue una noche funesta, hace exactamente trece meses.

Por un segundo agradeció que la bala le hubiera pegado a él, así se obligó a tomar un papel más pasivo en las incursiones: ubicarse a cierta distancia con visión del terreno, dar soporte sobre rutas de acceso y escape, capturar información con teleobjetivos y micrófonos direccionales y, de ser necesario, usar el rifle de alta precisión que cargaba. Por fortuna no se vio obligado a lo último en los cuatro ataques que hicieron desde que volvió al campo.

Trajo sus pensamientos a un pasado más cercano, recreando lo que su grupo había hecho con el dinero: Rellenar las cuentas bancarias de los cuatro, comprar equipo de asalto para su próxima incursión, destinar una buena parte para los gastos operativos de febrero e invertir un poco en el gimnasio de MMA del que eran dueños. Al menos eso hicieron con lo que les quedó, porque David siempre insistía en donar, de manera anónima, un porcentaje considerable a fundaciones para animales.

Si no lo hubieran robado, el dinero terminaría comprando un lote de armas y un puesto a algún maleante en la política local. Aunque aún no habían podido descubrir para qué bando operaba la pirámide, ya que todo el mapa criminal que Mario había trazado y estudiado se había invertido gracias a los 40 asesinatos que sucedieron la semana pasada en la ciudad. Pero la sospecha, gracias a un golpe de suerte, estaría a punto de confirmarse.

El parlante sonó y avanzó en la silla de ruedas al escuchar su nombre. Deseó con fuerzas salir del consultorio apoyado en el bastón de su abuelo. No lo hizo.

Jose lo estaba esperando en la van del equipo para llevarlo al “gimnasio”, mientras leía concentrado algún texto para manejar la ira, en su e-reader (como lo había ordenado la corte).

- Vamos a seguir a alguien – dijo Mario escalando al puesto del copiloto.
¿En este carro? ¿Estás loco?
- Tomará taxi, va a ser fácil.
- Nunca lo es.

3 comentarios:

  1. Me alegra que te decidieras a mostrarnos el inicio de la historia, sigo insistiendo que verla en su línea directriz permite hacer una mejor lectura de ella. Algunas observaciones.
    “Seis días habían pasado desde la incursión a la oficina de la pirámide que estaba estafando a los habitantes de un barrio de clase media en la ciudad.” (Creo que podría ir una coma en: Seis días habían pasado desde la incursión a la oficina de la pirámide, que estaba estafando a los habitantes de un barrio de clase media en la ciudad.)
    “Curiosamente fueron seis hombres a los que él y su equipo dejaron inconscientes y parcialmente lisiados y seis maletines llenos de dinero los que robaron ese día.” (Son demasiadas “y” es incómodo y creo que algo leí sobre no abusar de ellas)
    “Lo analizó mientras esperaba la llamada del terapeuta a través de los parlantes de la sala de espera.
    El individuo en cuestión tenía moretones…” (¿Es punto seguido o aparte?)

    “concentrado algún texto para manejar la ira, en su ereader…” (Se leería más fácil eReader o e-reader)

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  2. tienes toda la razón, ya mismo corrijo estos detalles.Gracias!

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  3. Creo que después de varias entradas en las que te tomabas el tiempo de narrar una situación o dos por entrega, en esta metiste de todo, tratando de darle piso a la historia sin tomarte el tiempo de construir con cuidado.

    Como te dije, escribir en desorden te está perjudicando la continuidad, por ejemplo, si esta fuera la primera entrega de esta historia que yo leo, te diría que David es un man metido a la fuerza, sin pies ni cabeza en la historia, yo sé que el man es un protagonista solo porque leí las entregas posteriores, pero en esta entrega, sobra.

    Por otro lado hay un error o una narración confusa en la primer parte, cuando hablás de la muerte de Daniel. empezás describiendo el estado de un man que la pandilla molió a golpes en el presente, después por qué el man está así, a raíz de una decisión de Daniel en el pasado lejano, después lo que esa decisión causó en el pasado próximo (la muerte de Daniel y la cojera de Mario), y volvés al presente que es solo 6 días después de que molieron a golpes al man. Es decir, a pesar que maltratar a sus víctimas causó la muerte de Daniel y la cojera de Mario hace tiempo, y que él lo lamenta, solo hace seis días lo volvieron a hacer, creo que hay un error en cómo lo narrás.

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