Charista
Tsug caminó entre la multitud que se empujaba para estar más cerca de los corredores
del el quinceavo torneo de lanzas del conde, los olores a comida, espíritus de
mala calidad y aguamiel, eran tan fuertes que casi opacaban el aroma de las 500
almas que sudaban, orinaban y defecaban sin pudor, cuando y donde su cuerpo se
los pidiera.
El
sol brillaba con fuerza esa mañana del 5 mes de nuestro señor y la humedad que
siempre acompañaba este viejo condado cerca al mar hacía que Charista sudara
sin descanso bajo el estrecho corsé de huesos de ballena, que había mandado a
traer de mejor sastre de Lion, antes que la inminencia de la guerra rompiera el
comercio con las tierras francesas. La gigantesca falda hacía que solo moverse
requiriera un esfuerzo casi tan monumental, tan fuerte como el de no vomitar
con crecientes montones de excremento que encontraba a lado y lado del camino.
El
torneo iba en su tercer día y las reservas de licor parecían no haber disminuido,
los nobles, que al comienzo se mantenían a distancia, eran ahora parte de la
multitud que se revolcaba en el fango, fornicando y bebiendo, sin importar
parentesco, clase o apariencia. Charista se sonrojó al recordar como encontró a
la joven doncella de la casa de Rightor con la cara enterrada en la entrepierna
de un gigantesco eslavo que parecía más un oso que un humano y como su corazón
dio un brinco cuando la doncella le extendió la mano para que se uniera a
ellos, en medio de un charlo de orín, vomito y vino.
Abrirse
paso entre la multitud era cada vez más difícil a medida que Charista se
acercaba a la zona donde los caballeros se preparaban para los encuentros de la
tarde, y los hombres, cada vez más desinhibidos se volvían peligrosos para su
honra, ya había sentido manos de todos los tamaños buscar alguna apertura en su
crinolina, a veces incluso dejando de lado la sutileza para jalarla o tratar de
romperla.
Charista
apretó el puñal que sostenía bajo el velo cuando un hombre bajo y gordo, con
restos de comida en toda su barba le cerró el paso y le mostró el miembro
erecto ante la risa cómplice de un grupo de compinches que la rodeaban,
discreta pero inevitablemente. Una gota de sudor corrió por su frente, pero
esta vez no era por el calor o por la humedad, sino porque sabía que no sería solo
él quien se forzaría en ella, sin que nadie lo impidiera. Debía actuar rápido,
con una respuesta que no dejara lugar a que se defendería hasta la muerte.
El
llamado del pregonero a los nobles a tomar sus puestos en los asientos del
palco, distrajo a la pequeña turba el momento suficiente para que con un rápido
movimiento el largo puñal entrara por la parte inferior de la cabeza y
atravesara su cara, hasta salir por una cuenca, haciendo volar el ojo, que
quedó colgando del hombre que aún erecto no acertó a entender que para él era
el fin.
Los
otros no entendían lo que sucedía al principio, tal vez por el licor o porque
ninguno pensó que una mujer tan pequeña pudiera moverse con tal rapidez, un
momento después, uno a uno empezó a retroceder con expresiones de horror y
asombro.
Charista
sacó el puñal tan rápidamente como lo había introducido y dio un paso atrás
para dejar caer el cuerpo que amenazaba con venirse encima suyo, se inclinó y
limpió su hoja en la sucia camisa blanca, solo para notar los grabados de oro en
el sucio cuello, y el monograma justo sobre corazón. Todo se acababa de
complicar.
Kay
Ji acercó su mano al oído y gritó, aunque no fuera necesario -¡Charista todo se
ha ido a la mierda, el salón VIP se está despresurizando y Dalarconne se dirige
a los atracaderos!-
-No me importa lo que tengas que hacer en esa maldita simulación ¡Necesito los códigos del dron caballero, ya-
La narrativa esta muy interesante y entretenida, pero si estas dos historias estan unidas no veo donde. En el caso que lo este podrias trabajar en eso?. Te dejo con algunas observaciones.
ResponderEliminar“El sol brillaba con fuerza esa mañana del 5 mes de nuestro señor y la humedad que siempre acompañaba este viejo condado cerca al mar hacía que Charista sudara sin descanso bajo el estrecho corsé de huesos de ballena”. Con una comita queda mejor. (condado cerca al mar, hacía que Charista sudara sin)
“no vomitar con crecientes montones”, que te parece (con el creciente montón)
“medio de un charlo de orín, vomito y vino.”Sera un charco y vómito.
Opino lo mismo que Rodrigo, está bacana la narración pero falta algo que las una. Vas a continuar la historia?
ResponderEliminarRecordá lo que te dije de las palabras terminadas en mente, al menos el rápidamente lo podés cambiar.