Reglas

1. Las entradas deben ingresarse terminadas, hasta las 12:00 de la noche del miércoles de cada semana.

2. A partir de la fecha de publicación, los miembros del blog deben comentar en cada entrada, con impresiones, consejos y correcciones (de ser necesarias) hasta el viernes de la semana de publicación.

3. El autor de la entrada debe hacer los ajustes que sean pertinentes antes del siguiente miércoles, fecha en la que debe publicar su nueva entrada.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Yeison y los argonautas

Al mundo de Yeison le faltaba algo. Él sabía qué era, pues todos se lo decían cada día, pero nunca lo había entendido. Palabras como: rojo, verde, brillante y opaco, no significaban nada para él, porque Yeison era ciego de nacimiento y su vida estaba formada con sonidos, texturas, sabores, olores y temperaturas.

Conocía muy bien el barrio donde vivía y podía ubicarse a la perfección si se concentraba en escuchar el murmullo del río, que corría a pocas cuadras de su casa. Además reconocía todos los postes y muros a la redonda sintiendo con los dedos algunas marcas en ellos y sabía que no debía seguir avanzando si olía los aromas que emanaba la frutería de don Orlando, pues se alejaría mucho de su zona.

Creció en una enorme casa familiar, rodeado de personas que lo cuidaban y compadecían: su abuela le preparaba pescado fresco que conseguían sus tíos, sus amigos lo llevaban a rapear free style con ellos todas las semanas y su hermano mayor lo llevaba a pasear por la ciudad siempre que se iba a trabajar en taxi. Además siempre lo acompañaba Copo, un oloroso perro que había estado a su lado desde que era un cachorro, hace 5 años.

Pero la vida de Yeison cambió de manera radical la mañana que se despertó en un sitio extraño: Estaba algo mareado y tenía un fuerte dolor de cabeza, olía igual que la enfermería del colegio pero mucho más fuerte,  escuchaba voces a la distancia pero no reconoció ninguna y cuando intentó tocarse algo extraño que sentía en la cara, se dio cuenta que tenía las manos amarradas a los costados.
  
Escuchó pasos acercarse y una puerta abrirse, "son tres personas" calculó, pero cuando hablaron no estuvo tan seguro ya que utilizaban un lenguaje raro, ligeramente conocido, pero lleno de palabras extrañas y con un ritmo muy distinto al normal. Los seres intercambiaron comentarios que no entendió y se fueron.

Entonces todo se volvió confuso, era difícil distinguir entre los sueños y la realidad, había días en que le dolía mucho la cabeza y otros donde el dolor era solo un recuerdo borroso. Pero lo más extraño fueron las sensaciones nuevas que estaba experimentando: Había una secuencia de formas y colores que se movían, emitían sonidos y emanaban aromas. Los ojos le dolieron e intentó frotárselos, pero algo gigante apareció ante él. Supo que eran sus manos.

Tuvo que detenerse a pensar qué sucedía, porque nada parecía tener sentido.

“Estoy viendo” dijo emocionado, “estoy viendo” sus ojos se acostumbraban a la luz de la habitación y observó todo a su alrededor. Pero no reconoció nada: Todas las imágenes a su alrededor se movían, giraban y lo mareaban, algunas producían sonidos familiares, pero todo parecía demasiado grotesco y extraño. Extenuado se durmió profundamente y tuvo pesadillas con seres que lo movían y manipulaban a su antojo.


Los días pasaron caóticos pero provechosos. El abuelo de Yeison le había narrado mitos y leyendas de su comunidad que él había memorizado, y en muchas de estas los personajes vencían o escapaban de los seres sobrenaturales acudiendo a su ingenio e inteligencia. Y decidió hacer lo mismo.

Todos los días observaba y comenzó a reconocer patrones:

Antes que el sol comenzara a calentar, todo era oscuridad (como antes de recuperar la visión), pero el entorno comenzaba a ganar color, lo contrario sucedía de noche, cuando sonaba el interruptor en la pared, todo perdía color y quedaba de nuevo en tinieblas. Anonadado, supo lo que era la luz. Descubrir los colores y tratar de identificarlos fue un reto mayor.


Cuando escuchaba pasos acercase, unas figuras aparecían y se movían por la habitación, el sonido de las pisadas provenía de estas grotescas figuras. Ellos deberían ser sus captores. Cuando hablaban se movía algo en su parte superior y entendió que eran sus bocas.

También comenzó a reconocer su cuerpo, movió brazos y piernas hasta entender cual era cual, y deseó poder ver su rostro y saber cómo era él. Inmediatamente comprendió algo que lo paralizó de terror: Los seres que lo tenían prisionero eran iguales a él, no eran monstruos ni extraterrestres, eran personas!


2 comentarios:

  1. empiezo por aclarar que me parece que esta entrada no es válida, este cuento claramente no es una entrada inédita, sino la reescritura de la entrada anterior, que pudiste haber echo sobre ese.

    en cuanto al cuento en sí, me parece que perdés la oportunidad de explorar cómo una persona ciega reconoce lo que lo rodea cuando empieza a ver, que es en últimas el meollo del asunto, tanto que cuando lo contás, suena poco impresionante, deberías detenerte a describir por ejemplo, cómo fue el momento como percibió movimiento por primera vez, que sintió cuando reconoció su mano frente a sus ojos, como asoció los colores con los días.

    en general, para un cuento que se centra en la relación de los sentidos, te falta mucha descripción, no se sabe cómo es el sitio donde está cautivo el pelao, nunca lo describís, no se sabe que siente, nunca lo decís.

    ResponderEliminar
  2. Estoy de acuerdo con Manuel en que faltan más elementos descriptivos que para una persona invidente serían los elementos con los que construye sus claves de referencia. Más adelante no se nota tanto pero creo que le podría portar a la historia. Me gusta como en la narrativa trabajaste la confusión y la construcción de una conciencia e imagen propia, lo que me parece bien se supone que el niño construye su imagen personal primero observando a los demás, luego a sí mismo y después encontrando la diferencia, será interesante leer el resto.

    ResponderEliminar