Grau necesitaba desesperadamente ampliar su rebaño, desde el
incidente incendiario solo le habían quedado dos donantes de sangre: Sandra
(que había desarrollado una insalubre adicción a los mordiscos de su señor) y
Camilo (que últimamente estaba perdiendo la batalla contra la esquizofrenia).
Se refugiaba en un apartamento pequeño rodeado de tugurios
estudiantiles que bullían de actividad 20 horas al día, lo cual le daba cierto
manto de anonimidad en este momento de necesidad, ya que el príncipe vampírico
de la ciudad estaba iracundo con él y lo buscaba con mano de hierro desde hace algunas
semanas.
Era una zona de alimentación de un señor menor, un neonato
protegido por políticos ligeramente influyentes que se habían ganado el control
de ese sector a cambio de pasar dos leyes que favorecían a la camarilla de
manera significativa. Así que era mejor no llamar mucho la atención
alimentándose de los locales de manera involuntaria.
Llevaba varios días sin beber: Se había sobrepasado con Sandra
y la tenía flaca como modelo de pasarela (ella siempre le pedía más) y le daba
miedo alimentarse de Camilo en estos momentos de persecución. Extrañaba a
Oliver y a Jaime, los hermanos fuertes y sanos que murieron en el incendio del
museo, su antiguo refugio; pero a quien más echaba de menos era a Clara.
Ella nunca le había pertenecido, no de la manera en la que Sandra,
Camilo, Oliver y Jaime lo hacían. No podía contarla dentro de su rebaño: A
veces se presentaba en el museo para brindarle unos sorbos de su vitae, otras
solo se paseaba por los pasillos, sonriendo a las cámaras (por las que sabía
que Grau la observaba con colmillos de león) y moviéndose como un cervatillo
provocador en medio de las reliquias coloniales.
Su sangre le producía algo muy difícil de explicar, no como
la de Oliver o Jaime, que lo llenaban de fuerzas y vigor, ni como la de Camilo
que turbaba su mente de preocupaciones e intrigas. No, la de Clara no le provocaba
ningún sentimiento, todo lo contrario: Se los llevaba. Lo dejaba en la oscuridad
absoluta, desnudo en la palma de su creador, desposeído de toda culpa y
remordimiento, lo arrancaba del infierno, lo expulsaba del cielo y lo dejaba
suspendido en el limbo.
Hace dos semanas había confundido a una universitaria con Clara, pero al acercarse notó la
diferencia lúgubre de su almizcle y la sutil variación de su piel caramelo.
Rabia, hambre y nostalgia le impidieron contenerse mientras bebía su sangre
detrás del antro de metal, dónde la había llevado después de seducirla. Hacía
varios años no chupaba hasta matar a su víctima, y aunque le extrajo su última
gota de vida, la expectativa y la frustración mataron toda satisfacción del
beso.
Esa noche acababa de aceptar una nueva oveja, un muchacho pequeño
pero ambicioso que había sido testigo del asesinato de la imitadora. Llevaba
casi una semana poniéndole pruebas y superándolas con ahínco. Acababa de pasar
la última: Extraer los videos que la aseguradora tenía sobre el fuego en su
hogar. Después de verlos lo recompensó con un beso breve, no quiso beber mucho
de él porque tenía que guardar espacio.
- ¿Mi
señor me mandó a llamar? – Sus ojos grandes y brillantes contrastaban con su
figura escuálida
- Si, Sandra, esta noche me alimentaré – Grau odiaba que sonrieran
durante el beso, pero esta vez ella ni siquiera se esforzó en aparentar el
éxtasis
Las respuestas que él buscaba no las obtendría de sus labios
si no de la última gota de su cuerpo, así que clavó sus dientes en el cuello de
la mujer mientras ella se estremecía de júbilo y él se repetía la pregunta: ¿Por qué la quemaste?
Jose, está bien escrito y es interesante, pero me resulta muy difícil disfrutar este tema, me resulta muy, muy trillado y creo que no intentás salirte del cliché, la narración transcurre sin novedades, ni nada que la haga ser memorable
ResponderEliminarCreo que podés usar mejor algunos sinónimos para que no se sienta repetido en algunas partes, por ejemplo "(...)Hacía varios años no chupaba hasta matar a su víctima, y aunque le extrajo su última gota de vida, la expectativa y la frustración mataron toda satisfacción del beso.(...)"