“Hoy he vuelto a despertar del lento sueño gris donde soplan tormentas que envuelven la pasión”. La letra
retumbaba por toda la habitación, mientras Dean se sumergía en sus
pensamientos, en su soledad y principalmente en su tristeza. Cada nota y cada
palabra lo empujaban a un lugar en el que la luz era carcomida por la
obscuridad.
Tumbado en un colchón lleno de agujeros de
gusano, Dean no lograba salir de sus recuerdos cargados de nostalgia que una y
otra vez lo llevaban siempre al mismo lado, al lado de ella. Una botella del
peor whiskey que se puede conseguir en el mercado dejaba caer de su pico las
últimas gotas del hediondo licor que lo había logrado mantener medianamente
cuerdo y alejado de su pena.
La imagen del
estado de la habitación, narraba una historia gris, la suciedad amontonada por
cada rincón, animales rastreros deambulando por doquier y un vaho propio de un cadáver
en descomposición se convirtieron con el tiempo en sus más cercarnos compañeros.
La música siguió retumbando y sus recuerdos continuaron
agolpándose en su memoria llenándolo de pesar y lamentos. Perturbado como
estaba, no conseguía encontrar nada que le diera la mínima satisfacción. A pesar
de sus esfuerzos y retozos ni siquiera lograba encontrar una posición que le
diera comodidad. Todo era una mierda.
Su mente en constante sufrimiento apenas lograba albergar la
imagen de ella, presentándose como un puñal que lo atravesaba de lado a lado,
dejándolo inmerso en un mar de lágrimas y dolor.
“Hoy he vuelto a despertar del lento sueño gris donde
soplan tormentas que envuelven
la traición”. La pena incrustada en su pecho, agarrada a cada una de sus fibras, parecía
expandirse hasta el punto de hacerlo explotar. La fuerza del dolor se veía
representada en cada una de sus muecas y expresiones. El suplicio no daba
tregua, la desesperación crecía sin control. Todo iba perdiendo sentido.
En un último esfuerzo de
arrancarse el veneno que se había filtrado por todo su ser, trató de pararse,
pensó por un momento que podría escapar de esto, pero miles de brazos salieron
despedidos de la oscuridad para retenerlo, no lo iban a dejar ir.
Con la voluntad a niveles
infrahumanos eran pocas las opciones que tenía. De todas formas, sabía que aún le
quedaba una. “Ya
no puedo ser, el eco de tus sueños ya
no quiero ser, el techo de tus suelos ya
nunca más veras, mis lágrimas caer he renacido al fin, ahora soy yo la llama que
enfunda tu demonio, que sangra sin tus culpas soy
quien ciñe la espada, que cortara tu espalda”. Si todo
estaba perdido, si todo estaba fuera de control, su vida aun le pertenecía, aun
podía disponer por completo de ella.
La hoja oxidada del viejo bisturí se
encontraba a un par de pasos, tal como la había dejado la última vez que tuvo
el mismo pensamiento. Sin embargo esta vez era distinto. Se encontraba agotado.
Su mente no era capaz de seguir dando tumbos en torno a la misma imagen. El
dolor brotaba de cada uno de sus poros, sentía cómo lo quemaba, desde adentro.
Lentamente la sangre comenzó
a manar desde ambas muñecas. Pintó de rojo el sucio tapete en el que terminó
con todo. Con cada gota el dolor se disipaba y la mente se aclaraba. Por fin
dejó de pertenecerle a un amargo recuerdo. Al fin obtuvo su libertad. Al fin. “Y enfrento el miedo que sangra en mi
memoria y enfrento el miedo que sangra en mi memoria”…
Marito, me gusta como construiste la historia, creo sin embargo que en tu afán por expresarlas emociones de forma intensa, a veces los párrafos se sienten redundantes y el uso excesivo de los posesivos, crea la misma impresión.
ResponderEliminarTenés algunas tildes que te faltan y a veces, me da la impresión, te quedás corto con las comas, a veces las líneas se sienten laaaargaaaass.
Como conclusión puedo decir que empieza lento y quejumbroso y termina interesante
Mario, estás escribiendo tus textos a la carrera, entiendo eso, he pasado por lo mismo. Pero no los estás revisando ni editando ni nada, creo que ni leés nuestros comentarios. No tiene sentido que comente en este post si lo vas a dejar como los pasados (sin revisión ni edición).
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