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miércoles, 23 de julio de 2014

Aqua

La escotilla se abrió. André tomo un respiro, tomó dos inhaladas y exhalo. Kate nunca había visto tanto humo salir de la boca de alguien. Se tapó la nariz con los dedos, respiro hondo y elevó su cuerpo ayudándose con las manos y las puntas de los pies. La mano que quedó libre la uso para escalar un poco y subir más y más. Kate llegó a la habitación violacea y André siguió fumando abajo.

"Creo que no vamos a tener mucho más tiempo aquí", dijo Kate mirando las tentaculares fisionomías de los dos capturados. "Es lo que hemos dicho", retumbó en la cabeza de Kate.

La comunicación verbo-mental era un problema para ella. Bien podía aceptar, no sin algún reparo, los dispositivos de traducción instantanea. Hablar en inglés mientras André lo escuchaba en japones y viceversa, pero sólo escuchar tu propia voz y de repente tener una respuesta en tu cabeza, era algo que Kate no podía soportar por mucho tiempo. Y en parte tenía razón. ¿Qué idioma era ese? ¿Qué acento tenían? ¡Ni siquiera era un estímulo auditivo! Hay tantas cosas que Kate y André y todos los solares habían aprendido sobre la comunicación a partir de los gestos, las miradas, los tonos, los movimientos de las manos, que para ella entender a estas criaturas era difícil y perturbador.

El humo no subía, sólo flotaba como cualquier tarde en Tokio, Ciudad de México o Delhi. Si Kate miraba hacia abajo sólo podía ver la tenue silueta de André y un fugaz destello anaranjado con cada aspiración. Si miraba hacia el frente tenía ante sí una habitación esférica. La cocina, el despellejadero, la carnicería. Todos le tenían un nombre distinto. Kate prefería pensar en ella como la recepción. Vacía. Sólo un centro de luz violeta incandescente que permitía ver los recovecos de la construcción, la talla de las paredes, las barras de ayuda para la navegación en gravedad cero, los tubos de escape, la escotilla de los desechos.

"Creo que no has entendido". "Creo que sí entendí", resonó de nuevo en el área frontal de su cerebro junto a un chillido insoportable.

La mano de Kate apretó de nuevo el botón y las agarraderas, que de cada una de las extremidades del tentacular ser estaban agarradas, comenzaron de nuevo con ese movimiento, adivinaba Kate, insoportable. Cada una de las numerosas extremidades rotaban sobre su propio eje aproximadamente unos doscientos veinte grados, justo un par de grados antes del punto en el que Kate imaginaba que se romperían.

Los cambios fisiológicos eran claramente perceptibles. Las excreciones eran constantes, el ano ubicado cerca del manto de la cabeza no daba a basto, las aberturas cercanas a las orejas eran ahora unos pequeños nacimientos de pequeños riachuelos de pus, o su equivalente sea lo que sea, que bajaban por todo el torso, unas veces descendiendo entre dos extremidades, otras llegando hasta la punta de uno de ellos untando las agarraderas. El sistema circulatorio estaba claramente colapsado, las venas estaban hinchadas, varías de ellas infartadas y las que no crecían mientras latían con fuerza.

"¡Por última vez!" Grito Kate furiosa. "¡Qué hicieron con la tripulación!" Esta vez no sintió nada. No escuchó voces en su mente, no leyó frases en su campo visual, no olió ninguna respuesta. Nada de nada. Como pudo se enjugó el rostro que de nuevo tenía bañado en lágrimas y oprimió el botón tan fuerte que el espectáculo de sangre no se hizo esperar: el ruido al unísono de las agarraderas girando y retorciendo la carne de las criaturas, como el de una licuadora averiada, precedió a la explosión de sangre y visceras. La luz se redujo considerablemente. La habitación estaba en silencio exceptuando el sollozo de Kate.

André por fin subió. Agarró a Kate de un brazo y la trajo consigo al túnel de acceso ahora blancuzco y de aire espeso. Cerró la escotilla y oprimió los botones de limpieza y de expulsión de deshechos. No había sido un buen día. Tampoco una buena semana. Diez días atrás su padre y su madre descendieron a Aqua, el titan planetario marino, en plan de descanso con su fragata espacial. No regresaron. André y Kate llevaban cuatro días en esta tarea de exploración. Aún no había llegado ninguna fuerza ni imperial ni civil para ayudarles. Estar en la punta de la galaxia tiene su costo.

La búsqueda continuó. La pequeña nave flotaba a velocidades variables dependiendo de la visibilidad y los reportes de densidad que entregaban los sensores. De esos radares sólo se enteraba André. Kate, como siempre, asomaba la cabeza mirando por la ventana. "Imbécil, nunca nos encontrarás", sintió Kate en su cabeza mientras los vellos de su espalda se erizaban. Entrecerró los ojos y frunció el ceño. Se abalanzó hacia André, le miró y le suplicó que se detuvieran. "Creo que ahora sí los encontré, tenemos que hacer otro interrogatorio". André sólo se tomó la cabeza con la mano izquierda y caminó hacia la ventana. Abajo en un mar infinito de tranquilidad tres delfines saltaban y volvían al mar con chasquidos alegres. "Quizás sean los últimos", pensó sintiendo pena por ellos. Estiró la mano y dio inicio al protocolo de descenso mientras reposaba la otra en el hombro de su hermana.  

2 comentarios:

  1. David, me gusto mucho, creo sin embrago que tenés que revisarle la coherencia, porque en algunas partes falla. Te doy un ejemplo: si André y Kate son hermanos, ¿por qué al inicio decís que hablan en idiomas distintos?

    -Si querías generar empatía por los seres tenticulares, tumbás todo con eso de "Imbécil, nunca nos encontrarás" que suena infantil, y no concuerda con el tono que habían usado hasta ese punto.

    -No queda claro si es una interrogación de rutina, en instalaciones diseñadas para eso "(...)La cocina, el despellejadero, la carnicería. Todos le tenían un nombre distinto. Kate prefería pensar en ella como la recepción. (...)" o si es algo que hacen dos hermanos porque están desesperados y sin apoyo en un planeta lejano

    - los delfines del final, por los que sienten pesar, están de adorno, no das indicios de por qué serían los últimos y por qué uno de los personajes sienten nostalgia.

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  2. Me costó un poco de trabajo hacerme una representación mental, es casi al final que entiendo lo que sucede, pero de una manera confusa más que chévere, tal vez dejar ver las cosas un poco antes sería mejor. Faltan un par de tildes al principio pero de resto está bien.
    No estoy de acuerdo con Manuel sobre los delfines, me queda claro que Kate piensa que ellos hablaron y los va a capturar para torturar.

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