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miércoles, 30 de julio de 2014

Primera página

Don Pacho Arizabaleta me gritó desde la puerta de su oficina, ¡Sandro, le llegó el bautizo, acaba de aparecen un encostalao en Potrero Grande!

la pequeña oficina estaba en una esquina. Era el único espacio cerrado en un piso lleno de pequeños cubículos cuyos muros no llegan hasta el techo, todas sus ventanas estaban tapadas por viejas ediciones del periódico pegadas con cinta de enmascarar, desde afuera se veía como el nido de un bazuquero, pero desde adentro, era un altar: las fotos más sangrientas que se habían publicado en el periódico desde que él trabajaba ahí tapizaban las paredes de piso a techo; desmembramientos, decapitaciones, evisceraciones, aplastamientos, y todas las formas posibles en que una persona podía dejar de ser un ser humano y convertirse en un charco de sangre y carne, adornaban su oficina. Algunos recortes eran tan viejos que el papel se había vuelto amarillo y casi todos los colores habían perdido su intensidad inicial. Todos menos el rojo. La sangre era la reina de su oficina; omnipresente, manchando cada rincón, cada cosa, a cada persona, sin que ellos se dieran cuenta siquiera.

-¿Me escuchastes, Ramírez? Andá y dame ojos, quiero ver si sos capaz de poner algo en mi paré!

Potrero Grande es un barrio nuevo, construido para darle casa a los invasores que estaban a punto de lograr que se rompiera el dique que mantiene la zona más pobre de Cali separada del río Cauca que se la quiere engullir, ahogando media ciudad.
-Yomellamo, vamos tarde porque hay protesta de motaxistas en el romboi de López, nos toca coger por detrás, guardá la cámara bien guardada que por ese lado no conozco al duro

Aurelio gritaba desde el volante del carro para que lo escuchara encima de la salsa que tronaba en los parlantes mientras guardaba las cámaras y las luces en bolsas de basura que teníamos listas en la parte de atrás del carro.

-¡Bajale volumen a esa mierda Aurelio que me estás dando dolor de cabeza!
- En amarte una vez más, pero mi corazón dice que no, dice que no, noooo”

Pasar la Simón Bolívar es atravesar una frontera, una vía de 4 carriles que divide la Cali de bien, con la Cali que todos quieren ignorar. El primer puesto de control se nos atravezó de repente, cuando un negro malencarado se nos acercó en un pare. La cacha del revolver sobresalía sin pena de su pantalón y tenía el pecho adornado por varias cicatrices blancas, que resaltaban en su piel oscura. Él sabía tan bien como nosotros que ahí, en ese pequeño punto del mundo, en ese momento, era el dueño y señor, el duro del combo lo había dejado a cargo y más tarde pasaría a recoger lo de los peajes, si no tenía lo del día, podía ser el encostalado que aparecería mañana.


Aurelio sonrió, y extendió un billete de cincuenta.

-mompa, voy a pillar el muñeco que apareció en el potrero, soy prensa.

-¿Qué llevás ahí atrás? ¿Filmadoras?

- No panita, somos prensa, llevamos una cámara chiquita, para sacarlo mañana en la portada.

- a ver, mostrá.

Todo se había ido a la mierda, si este tipo quería pelarnos de las cámaras, el trípode y hasta el carro, no había quién lo parara, a este lado de la Simón, la policía solo viene a recoger muertos, nunca a defender periodistas maricas que creen que el carné es mejor que un escudo antibalas.

-Dejame sano niche, que yo conozco al zarco, él es el que siempre me da paso, sino que hoy no entré por el lado donde mantiene.

Aurelio trataba de parecer tranquilo, pero en su tono se notaba la ansiedad que sentía, él sabía tanto como yo que nombrando a un man de otro lado, podía estar ganándose un balazo si este hijueputa que estaba frente a nosotros, era de otro combo.

El negro escupió el carro, sus ojos amarillos estaban fijos en Aurelio, se mandó la mano a la cintura y apretando la cacha dijo entre dientes:
-¿El zarco?


4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Gordis, está chévere la idea. Tienes un par de líneas algo enmarañandas como " todas sus ventanas estaban tapadas por viejas ediciones del periódico pegadas con cinta de enmascarar" creo que puedes mejorar la redacción y dejarlo más legible.

    Cuando habla el negro puedes usar acentos más propios de su jerga

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  3. Buena la historia, chévere que mantiene un ritmo que no te deja aburrir. Me gustó bastante la forma en la que describiste esa otra cara de Cali.

    Creo que faltó consistencia con el narrador: en el primer párrafo es una tercera persona para describir el estudio de Sandro y a partir del viaje lo narra el protagonista. Al final regresa esa voz en off. Si esa era la idea, la debiste acetuar un poco más, que el lector entienda que es a propósito.

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  4. Buen cuento, me gustó.

    Solo me parece confusa esta parte:

    "Potrero Grande es un barrio nuevo, construido para darle casa a los invasores de, que estaban a punto de lograr que el dique que mantiene la zona más pobre de Cali separada del río Cauca que se la quiere engullir, se rompiera, ahogando media ciudad."

    Faltó una palabrita y meterle una coma por ahí.

    De resto está muy bien.

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