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miércoles, 16 de julio de 2014

Diario (2)

Día 2

En noches como esta no puedo sino pensar y darle vueltas a lo mismo. Mi cabeza es como una ruleta, le apuesto al doble cero pero sólo logro ver las sombras borrosas de los colores de mis pensamientos, el rojo se transforma en negro y el negro en rojo, ¿dónde está el verde? En la escuela dijeron un día que el verde es el color de la esperanza. Pura mierda. El verde sólo me recuerda las largas y estiradas pizarras del Instituto, las soporíferas charlas de la maestra, las bromas insulsas de los compañeros, los días en balde allí sentado. ¿Y qué podía hacer yo? Sonreír. Mimetizarme. Ya sabes, hacer la tarea, no llamar la atención, obedecer. Sonreír otra vez. Otra noche y el verde no llega, quedo perdido entre rojos y negros. Entre Él y Ella. Entre el ocaso y la sangre.

-Antonio.


II

Todos en casa estaban de acuerdo con que Tomás estaba teniendo un mejor semblante. El Padre, que siempre fue pesimista, aceptó que en las últimas semanas lucía un tanto diferente. -Algo lo debe estar entreteniendo- se permitió teorizar. Matina sólo asentía dándole la razón al Padre, que por cierto casi siempre la tenía. Los orgullosos títulos académicos, que ahora guardaban polvo en el estudio, le permitían pontificar sobre casi cualquier cosa. Antonio lucía tan bien como siempre. Más atlético que su hermano siempre intentaba retarlo en juegos físicos bruscos. Cuando Tomás no podía huir terminaba en el suelo o golpeado. Un martes de cuaresma, Tomás aceptó uno de aquellos desafíos de Antonio. Se midió en una riña, se tomaron de los brazos e intentaron tumbarse con los pies. Tomás logro deslizar el pie derecho entre los dos pies de Antonio y haciéndo una especie de gancho intentó barrer ambos pies de su hermano. Antonio más ágil movió uno y después el otro pié, el de Tomás siguió de largo y bastó sólo un pequeño empujón para que Tomas estrellara su cara contra el piso. Matina gritó y corrió hacia ellos cuando la sangre emparamó la cara de Tomás que ahora tendría una cicatriz en su ceja izquierda el resto de vida.


Tres días después de haber tomado la decisión, Tomás estaba mucho mejor que de costumbre. Una tarde el Padre y Matina tuvieron una conversación al respecto en la cocina. Mientras los chicos estaban en la escuela. -Es hora de que Tomás vuelva a ser el de antes-, comenzó a monologar el Papá. Como de costumbre en esas conversaciones, Matina asentía cada cuatro minutos y treinta segundos, estaba perfectamente acompasada como esos pajaritos de madera que cada tanto picotean maiz imaginario en la superficie sobre el que están puestos. Para nadie en la mesa pasaban desapercibidos los cambios en Tomás. ¿Más callado? ¿Más tímido? ¿Más torpe? Conceptualizarlo no era fácil, ni siquiera el Padre después de cuarenta minutos de animada perorata lo había logrado. En últimas, se dijo, el paso por la niñez no le había dejado completamente feliz. Tomas sólo asentía mientras ejercitaba contra argumentos y réplicas en su mente. Quizás, pensó, debió haberse levantado, haberle gritado a todos en la cara que Antonio estaba bien, que quien necesitaba de su preocupación era él, que estaba a punto de cometer un asesinato y nadie prestaba atención, que terminaría pudriéndose en una cárcel, que él estaba ahí al frente de sus narices y nadie decía ni fu ni fa. Pero Tomas no se pararía y alzaría la voz de esa manera. Más bien animó la conversación, opinó, señaló, se preocupó e incluso llegó a expresar su apoyo.   

4 comentarios:

  1. Me gustan mucho mas las citas del diario que la historia familiar que es un poco sosa y repetitiva.

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  2. Sigo esperando que me agarre la historia. Creo que no me es clara la relación entre los personajes, pero tal vez sea el reflejo de la mente de Tomás. Me llama la atención que el personaje que escribe el diario se siente muy distinto a la descripción del narrador.

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  3. pensándolo en perspectiva, esta podría ser una buena primera entrada en la serie, comienza con lo que parece una reunión familiar aburrida y sosa y termina con la revelación de que el hijo menor, cometerá un asesinato.

    pienso igual que los demás, la historia sigue sin madurar, se queda en descripciones de circunstancias aburridas, que no despiertan interés, ya que tenés intenciones de seguir con esta línea, espero que a la tercera despegue

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  4. por cierrto, lo vi corto y conté las palabras ¡¡TENÉS MENOS DE 600!! ¿cómo es se cobra esto? jujujujuju

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