Día 2
En noches como esta no puedo sino pensar y darle vueltas a lo
mismo. Mi cabeza es como una ruleta, le apuesto al doble cero pero
sólo logro ver las sombras borrosas de los colores de mis
pensamientos, el rojo se transforma en negro y el negro en rojo,
¿dónde está el verde? En la escuela dijeron un día que el verde
es el color de la esperanza. Pura mierda. El verde sólo me recuerda
las largas y estiradas pizarras del Instituto, las soporíferas
charlas de la maestra, las bromas insulsas de los compañeros, los
días en balde allí sentado. ¿Y qué podía hacer yo? Sonreír.
Mimetizarme. Ya sabes, hacer la tarea, no llamar la atención,
obedecer. Sonreír otra vez. Otra noche y el verde no llega, quedo
perdido entre rojos y negros. Entre Él y Ella. Entre el ocaso y la
sangre.
-Antonio.
II
Todos en casa estaban de acuerdo con que Tomás estaba teniendo un
mejor semblante. El Padre, que siempre fue pesimista, aceptó que en
las últimas semanas lucía un tanto diferente. -Algo lo debe estar
entreteniendo- se permitió teorizar. Matina sólo asentía dándole
la razón al Padre, que por cierto casi siempre la tenía. Los
orgullosos títulos académicos, que ahora guardaban polvo en el
estudio, le permitían pontificar sobre casi cualquier cosa. Antonio
lucía tan bien como siempre. Más atlético que su hermano siempre
intentaba retarlo en juegos físicos bruscos. Cuando Tomás no podía
huir terminaba en el suelo o golpeado. Un martes de cuaresma, Tomás
aceptó uno de aquellos desafíos de Antonio. Se midió en una riña,
se tomaron de los brazos e intentaron tumbarse con los pies. Tomás
logro deslizar el pie derecho entre los dos pies de Antonio y
haciéndo una especie de gancho intentó barrer ambos pies de su
hermano. Antonio más ágil movió uno y después el otro pié, el de
Tomás siguió de largo y bastó sólo un pequeño empujón para que
Tomas estrellara su cara contra el piso. Matina gritó y corrió
hacia ellos cuando la sangre emparamó la cara de Tomás que ahora
tendría una cicatriz en su ceja izquierda el resto de vida.
Tres días después de haber tomado la decisión, Tomás estaba mucho
mejor que de costumbre. Una tarde el Padre y Matina tuvieron una
conversación al respecto en la cocina. Mientras los chicos estaban
en la escuela. -Es hora de que Tomás vuelva a ser el de antes-,
comenzó a monologar el Papá. Como de costumbre en esas
conversaciones, Matina asentía cada cuatro minutos y treinta
segundos, estaba perfectamente acompasada como esos pajaritos de
madera que cada tanto picotean maiz imaginario en la superficie sobre
el que están puestos. Para nadie en la mesa pasaban desapercibidos
los cambios en Tomás. ¿Más callado? ¿Más tímido? ¿Más torpe?
Conceptualizarlo no era fácil, ni siquiera el Padre después de
cuarenta minutos de animada perorata lo había logrado. En últimas,
se dijo, el paso por la niñez no le había dejado completamente
feliz. Tomas sólo asentía mientras ejercitaba contra argumentos y
réplicas en su mente. Quizás, pensó, debió haberse levantado,
haberle gritado a todos en la cara que Antonio estaba bien, que quien
necesitaba de su preocupación era él, que estaba a punto de cometer
un asesinato y nadie prestaba atención, que terminaría pudriéndose
en una cárcel, que él estaba ahí al frente de sus narices y nadie
decía ni fu ni fa. Pero Tomas no se pararía y alzaría la voz de
esa manera. Más bien animó la conversación, opinó, señaló, se
preocupó e incluso llegó a expresar su apoyo.
Me gustan mucho mas las citas del diario que la historia familiar que es un poco sosa y repetitiva.
ResponderEliminarSigo esperando que me agarre la historia. Creo que no me es clara la relación entre los personajes, pero tal vez sea el reflejo de la mente de Tomás. Me llama la atención que el personaje que escribe el diario se siente muy distinto a la descripción del narrador.
ResponderEliminarpensándolo en perspectiva, esta podría ser una buena primera entrada en la serie, comienza con lo que parece una reunión familiar aburrida y sosa y termina con la revelación de que el hijo menor, cometerá un asesinato.
ResponderEliminarpienso igual que los demás, la historia sigue sin madurar, se queda en descripciones de circunstancias aburridas, que no despiertan interés, ya que tenés intenciones de seguir con esta línea, espero que a la tercera despegue
por cierrto, lo vi corto y conté las palabras ¡¡TENÉS MENOS DE 600!! ¿cómo es se cobra esto? jujujujuju
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