La escotilla se abrió.
André tomo un respiro, tomó dos inhaladas y exhalo. Kate nunca
había visto tanto humo salir de la boca de alguien. Se tapó la
nariz con los dedos, respiro hondo y elevó su cuerpo ayudándose con
las manos y las puntas de los pies. La mano que quedó libre la uso
para escalar un poco y subir más y más. Kate llegó a la habitación
violacea y André siguió fumando abajo.
"Creo que no vamos a
tener mucho más tiempo aquí", dijo Kate mirando las tentaculares
fisionomías de los dos capturados. "Es lo que hemos dicho", retumbó
en la cabeza de Kate.
La comunicación
verbo-mental era un problema para ella. Bien podía aceptar, no sin
algún reparo, los dispositivos de traducción instantanea. Hablar en
inglés mientras André lo escuchaba en japones y viceversa, pero
sólo escuchar tu propia voz y de repente tener una respuesta en tu
cabeza, era algo que Kate no podía soportar por mucho tiempo. Y en
parte tenía razón. ¿Qué idioma era ese? ¿Qué acento tenían?
¡Ni siquiera era un estímulo auditivo! Hay tantas cosas que Kate y
André y todos los solares habían aprendido sobre la comunicación a
partir de los gestos, las miradas, los tonos, los movimientos de las
manos, que para ella entender a estas criaturas era difícil y
perturbador.
El humo no subía, sólo
flotaba como cualquier tarde en Tokio, Ciudad de México o Delhi. Si
Kate miraba hacia abajo sólo podía ver la tenue silueta de André y
un fugaz destello anaranjado con cada aspiración. Si miraba hacia el
frente tenía ante sí una habitación esférica. La cocina, el
despellejadero, la carnicería. Todos le tenían un nombre distinto.
Kate prefería pensar en ella como la recepción. Vacía. Sólo un
centro de luz violeta incandescente que permitía ver los recovecos
de la construcción, la talla de las paredes, las barras de ayuda
para la navegación en gravedad cero, los tubos de escape, la
escotilla de los desechos.
"Creo que no has
entendido". "Creo que sí entendí", resonó de nuevo en el área
frontal de su cerebro junto a un chillido insoportable.
La mano de Kate apretó
de nuevo el botón y las agarraderas, que de cada una de las
extremidades del tentacular ser estaban agarradas, comenzaron de
nuevo con ese movimiento, adivinaba Kate, insoportable. Cada una de
las numerosas extremidades rotaban sobre su propio eje
aproximadamente unos doscientos veinte grados, justo un par de grados
antes del punto en el que Kate imaginaba que se romperían.
Los cambios fisiológicos
eran claramente perceptibles. Las excreciones eran constantes, el ano
ubicado cerca del manto de la cabeza no daba a basto, las aberturas
cercanas a las orejas eran ahora unos pequeños nacimientos de
pequeños riachuelos de pus, o su equivalente sea lo que sea, que
bajaban por todo el torso, unas veces descendiendo entre dos
extremidades, otras llegando hasta la punta de uno de ellos untando
las agarraderas. El sistema circulatorio estaba claramente colapsado,
las venas estaban hinchadas, varías de ellas infartadas y las que no
crecían mientras latían con fuerza.
"¡Por última vez!" Grito Kate furiosa. "¡Qué hicieron con la tripulación!" Esta vez no
sintió nada. No escuchó voces en su mente, no leyó frases en su
campo visual, no olió ninguna respuesta. Nada de nada. Como pudo se
enjugó el rostro que de nuevo tenía bañado en lágrimas y oprimió
el botón tan fuerte que el espectáculo de sangre no se hizo
esperar: el ruido al unísono de las agarraderas girando y
retorciendo la carne de las criaturas, como el de una licuadora
averiada, precedió a la explosión de sangre y visceras. La luz se
redujo considerablemente. La habitación estaba en silencio
exceptuando el sollozo de Kate.
André por fin subió.
Agarró a Kate de un brazo y la trajo consigo al túnel de acceso
ahora blancuzco y de aire espeso. Cerró la escotilla y oprimió los
botones de limpieza y de expulsión de deshechos. No había sido un
buen día. Tampoco una buena semana. Diez días atrás su padre y su
madre descendieron a Aqua, el titan planetario marino, en plan de
descanso con su fragata espacial. No regresaron. André y Kate
llevaban cuatro días en esta tarea de exploración. Aún no había
llegado ninguna fuerza ni imperial ni civil para ayudarles. Estar en
la punta de la galaxia tiene su costo.
La búsqueda continuó.
La pequeña nave flotaba a velocidades variables dependiendo de la
visibilidad y los reportes de densidad que entregaban los sensores.
De esos radares sólo se enteraba André. Kate, como siempre, asomaba
la cabeza mirando por la ventana. "Imbécil, nunca nos encontrarás",
sintió Kate en su cabeza mientras los vellos de su espalda se
erizaban. Entrecerró los ojos y frunció el ceño. Se abalanzó
hacia André, le miró y le suplicó que se detuvieran. "Creo que
ahora sí los encontré, tenemos que hacer otro interrogatorio". André
sólo se tomó la cabeza con la mano izquierda y caminó hacia la
ventana. Abajo en un mar infinito de tranquilidad tres delfines
saltaban y volvían al mar con chasquidos alegres. "Quizás sean los
últimos", pensó sintiendo pena por ellos. Estiró la mano y dio
inicio al protocolo de descenso mientras reposaba la otra en el
hombro de su hermana.
David, me gusto mucho, creo sin embrago que tenés que revisarle la coherencia, porque en algunas partes falla. Te doy un ejemplo: si André y Kate son hermanos, ¿por qué al inicio decís que hablan en idiomas distintos?
ResponderEliminar-Si querías generar empatía por los seres tenticulares, tumbás todo con eso de "Imbécil, nunca nos encontrarás" que suena infantil, y no concuerda con el tono que habían usado hasta ese punto.
-No queda claro si es una interrogación de rutina, en instalaciones diseñadas para eso "(...)La cocina, el despellejadero, la carnicería. Todos le tenían un nombre distinto. Kate prefería pensar en ella como la recepción. (...)" o si es algo que hacen dos hermanos porque están desesperados y sin apoyo en un planeta lejano
- los delfines del final, por los que sienten pesar, están de adorno, no das indicios de por qué serían los últimos y por qué uno de los personajes sienten nostalgia.
Me costó un poco de trabajo hacerme una representación mental, es casi al final que entiendo lo que sucede, pero de una manera confusa más que chévere, tal vez dejar ver las cosas un poco antes sería mejor. Faltan un par de tildes al principio pero de resto está bien.
ResponderEliminarNo estoy de acuerdo con Manuel sobre los delfines, me queda claro que Kate piensa que ellos hablaron y los va a capturar para torturar.