Reglas

1. Las entradas deben ingresarse terminadas, hasta las 12:00 de la noche del miércoles de cada semana.

2. A partir de la fecha de publicación, los miembros del blog deben comentar en cada entrada, con impresiones, consejos y correcciones (de ser necesarias) hasta el viernes de la semana de publicación.

3. El autor de la entrada debe hacer los ajustes que sean pertinentes antes del siguiente miércoles, fecha en la que debe publicar su nueva entrada.

miércoles, 9 de julio de 2014

El Diario (1)


Día 1

Simplemente no soporto. No soporto salir a la calle y ver a esas personas caminando sin dirección. O con muchas, convencidos de que sí la tienen, orgullosos de tener un a-donde que los resguarda, un lugar que los aleja de mi. De nosotros. Los hambrientos. Los que sentimos la fatiga, el ardor, y tenemos que complacernos con el pálido alivio de una palmada en la espalda, de una sonrisa falsa, de un estrechón de manos que parece más una temerosa caricia. Darse cuenta qué tan afuera estás de Su mundo es un camino largo. Algunos pensarían: ¡qué valiente!, pero ni siquiera me parece digno. Las únicas cosas dignas serán aquellas que te lleven a un lugar mejor. ¿Muerte digna? Un oximorón sin significado. No hay muerte digna así como no hay agonía feliz. El camino del Héroe no me seduce, prefiero el camino de la Rata: merodeas, te confundes con ellos -peores que tú-, inundas sus espacios, ruñes su comida cuando puedas, a la menor oportunidad los enfermas y eres tan escurridizo que no se darán cuenta. El Héroe saca pecho por sus logros, para la Rata nada es un logro. Todo es supervivencia.

-Antonio.


 I

Esa tarde, mientras miraba a su hermano agacharse para saludar de beso a Matina, Tomás decidió que lo mataría. Verlo ahí parado, tan alto, tan engominado y tan oloroso no pudo sino producirle nauseas. Salió del comedor al jardín, tomó una piedra y la arrojó lo más lejos que pudo espantando un perro que se perdió entre ladridos y aullidos. ¿Cómo lo haría? Él mismo no sabía si estaba preparado para semejante cosa. La única arma que alguna vez podría tener a la mano es un cuchillo, pero no quería mucha sangre, al menos no encima de él. Imagino el olor y la cálida temperatura y se mareó. ¿Cómo lo escondería? Quizás no podría cometer un crimen perfecto, no era lo suficientemente listo ni tendría los recursos, pero debería tener una tapadera. Lo principal sería que Ellos no se dieran cuenta.

Esa noche, Tomás tuvo que salir de su cuarto y cenar de nuevo con todos. Tomás sentía como si esas cenas se alargaran por semanas enteras. La mesa del comedor parecía extenderse hasta el punto último de su línea de fuga, distorsionandose ligeramente hacia la derecha, huyendo del salón hacia la puerta, tal y como él hubiera querido hacer. Estaban sentados todos. El Padre, reluciendo una orgullosa calva llena de verrugas y lunares, Matina, con esa cara de mujer servil y fracasada tan común entre las amas de casa, y Antonio sentado y comiendo como si no existiera nadie más en el universo. Tomás sólo miraba la sopa, caliente y desabrida, y jugueteaba con la cuchara haciendo que se enfrentaran en el caldo las zanahorias y los chícharos.

Matina comenzó una charla vacía y torpe. El Padre, asentía con la mirada y de vez en cuando vomitaba alguna respuesta sosa. Antonio sonreía y agradecía las lisonjas de los dos. Tomás pensaba en aquella canción que escucho esa tarde en la radio: “Carmelita hold me tighter / I think I'm sinking down / And I'm all strung out on heroin / On the outskirts of town”. En ocasiones, Tomás se permitía el placer vergonzoso de imaginar una vida radical. Tener algo por lo que morir, aunque fuera una adicción. Tener un amor imposible, aunque fuera una puta en Nogales. Pero a la vez, Tomás sabía que nada de eso sucedería. Lo supo desde su adolescencia, más o menos en el punto exacto donde las personas comienzan a considerarse a sí mismas como tales. Mucho antes que sus padres, por supuesto. Matina y El Padre no habían dejado de pensar que Antonio y él eran unos críos pequeños y seguramente nunca lo harían. Por eso Tomás debería ser lo más cuidadoso que pudiera no se perdonaría defraudarlos una vez más.

3 comentarios:

  1. Las últimas noches solo pude dormir escuchando las canciones que Anasol dejó en mi laptop, claro, reproduciéndolas en mi mp4 para no gastar inútilmente la batería.
    Era una carpeta de canciones que le encantaban de grupos que, la verdad, no le gustaban tanto. Una hora y trece minutos que la conectaban con capas subcutáneas de tranquilidad y felicidad, una hora durante la cual ella parecía tener una razón para existir.

    No tenía que decirlo ni uno tenía que ser psicólogo para notarlo: Ojos vidriosos, una ligerísima sonrisa, su leve inclinación de cabeza y la mirada perdida. Si la mirabas durante ese momento, ella te la devolvía y pronunciaba más su sonrisa, mostrando los dientes y unos casi imperceptibles hoyitos en las mejillas.

    Ese es el recuerdo que tengo cada vez que suena mi mp4, no las discusiones, los arranques de celos ni los cambios intempestivos de ánimo que caracterizan a los artistas. Ese es el recuerdo que tengo cada noche cuando miro el cielo despejado y las estrellas son visibles gracias a la ausencia de electricidad en el planeta.

    La noche pasada la batería del mp4 se terminó y la pasé en vela, tomé la decisión de no prender mi computador y cargarlo pues aún me faltan varios días para llegar a un refugio con energía. No cometeré ese error esta noche, así me gaste el 27% de carga restante.

    Hoy atravieso las ruinas de una ciudad mediana que extrañamente no fue consumida por el fuego. No hay rastro de Anasol. No hay rastro de nadie. Al parecer todos huyeron hace 28 días, después del gran apagón, tal vez pensando que fue una emergencia local y buscaron refugio en la ciudad grande más cercana. No pudieron estar más equivocados.

    En este momento me preocupa superarla, dicen que 30 días son suficientes para dejar cualquier vicio y, ya que eso era ella para mí, tengo miedo que deje de importarme. ¿Qué razón tendría para seguir adelante si no es para encontrarla? ¿Acaso me importaría llevar mi computador muchos kilómetros más al lugar donde están recogiendo toda la información de lo que fue nuestro mundo?

    Igual, con solo un 27 % de batería no creo que obtengan mucho: el historial de Internet, unos cuantos libros y unos mapas, no alcanzarían las películas ni la música. Es posible que otras personas ya aportasen lo que llevo.
    Realmente viajo para encontrarla, en oposición a Julio Cortazar, “camino buscándola, pero sabiendo que camino para no encontrarla”.

    Últimamente he sido un poco más realista, la idea de hallarla se desvanece cada noche, pero tal vez al llegar y conectar mi laptop, entre toda la información que se está reuniendo, alguien tenga una imagen o un video de una exposición suya o de cualquiera de sus obras. Ideas tontas.

    La noche se acerca y busco refugio en las últimas casas de la ciudad que atravesé, prendo el computador y conecto el mp4, cierro la pantalla pues ni siquiera tengo una foto de su cabello lacio y negro para ver mientras tanto, solo tengo su música.

    29 días sin despertar a su lado, mañana tal vez ya no la extrañe, pero al menos esta noche, soñaré con ella.

    ResponderEliminar
  2. Py, hay un par de problemas de tildes, principalmente por manejo de tiempos.

    El texto no deja ninguna expectativa para lo que sigue, por lo tanto su lectura se torna muy lenta.

    ResponderEliminar
  3. a mí me parece que estás usando la regla de mayúsculas del inglés y hay varias que sobran, por ejemplo "Lo principal sería que Ellos no se dieran cuenta. "

    en general me pasó que nunca terminé por engancharme con el personaje, no das nada con qué uno pueda encariñarse y todo está en el aire, la cita del incio no contextualiza ni se relaciona con lo que sigue, es, según parece de un mendigo, pero el resto es de un hijo de familia pudiente, el texto funcionaría sin ella.

    ResponderEliminar