Las últimas noches solo pude dormir escuchando
las canciones que Anasol dejó en mi laptop, claro, reproduciéndolas en mi mp4
para no gastar inútilmente la batería.
Era una carpeta de canciones que le encantaban
de grupos que, la verdad, no le gustaban tanto. Una hora y trece minutos que la
conectaban con capas subcutáneas de tranquilidad y felicidad, una hora durante
la cual ella parecía tener una razón para existir.
No tenía que decirlo ni uno tenía que ser
psicólogo para notarlo: Ojos vidriosos, una ligerísima sonrisa, su leve
inclinación de cabeza y la mirada perdida. Si la mirabas durante ese momento,
ella te la devolvía y pronunciaba más su sonrisa, mostrando los dientes y unos
casi imperceptibles hoyitos en las mejillas.
Ese es el recuerdo que tengo cada vez que
suena mi mp4, no las discusiones, los arranques de celos ni los cambios
intempestivos de ánimo que caracterizan a los artistas. Ese es el recuerdo que
tengo cada noche cuando miro el cielo despejado y las estrellas son visibles
gracias a la ausencia de electricidad en el planeta.
La noche pasada la batería del mp4 se terminó
y la pasé en vela, tomé la decisión de no prender mi computador y cargarlo pues
aún me faltan varios días para llegar a un refugio con energía. No cometeré ese
error esta noche, así me gaste el 27% de carga restante.
Hoy atravieso las ruinas de una ciudad mediana
que extrañamente no fue consumida por el fuego. No hay rastro de Anasol. No hay
rastro de nadie. Al parecer todos huyeron hace 28 días, después del gran
apagón, tal vez pensando que fue una emergencia local y buscaron refugio en la
ciudad grande más cercana. No pudieron estar más equivocados.
En este momento me preocupa superarla, dicen
que 30 días son suficientes para dejar cualquier vicio y, ya que eso era ella para
mí, tengo miedo que deje de importarme. ¿Qué razón tendría para seguir adelante
si no es para encontrarla? ¿Acaso me importaría llevar mi computador muchos
kilómetros más al lugar donde están recogiendo toda la información de lo que
fue nuestro mundo?
Igual, con solo un 27 % de batería no creo que
obtengan mucho: el historial de Internet, unos cuantos libros y unos mapas, no
alcanzarían las películas ni la música. Es posible que otras personas ya
aportasen lo que llevo.
Realmente viajo para encontrarla, en oposición
a Julio Cortazar, “camino buscándola, pero sabiendo que camino para no
encontrarla”.
Últimamente he sido un poco más realista, la
idea de hallarla se desvanece cada noche, pero tal vez al llegar y conectar mi laptop,
entre toda la información que se está reuniendo, alguien tenga una imagen o un
video de una exposición suya o de cualquiera de sus obras. Ideas tontas.
La noche se acerca y busco refugio en las
últimas casas de la ciudad que atravesé, prendo el computador y conecto el mp4,
cierro la pantalla pues ni siquiera tengo una foto de su cabello lacio y negro
para ver mientras tanto, solo tengo su música.
29 días sin despertar a su lado, mañana tal
vez ya no la extrañe, pero al menos esta noche, soñaré con ella.
Jose me gusó mucho el inicio del texto se sentía el desespero de la situación provocada por el apocalipsis, sin embargo al final del texto se pierde mucho ritmo.
ResponderEliminarempieza bien, pero me quedé esperando que la historia tomara fuerza, creo que hay unas partes en las que por no usar mejores conectores, terminás enredando el párrafo, por ejemplo: "La noche pasada la batería del mp4 se terminó y la pasé en vela, tomé la decisión de no prender mi computador y cargarlo" quedaría mejor La noche pasada la batería del mp4 se terminó y la pasé en vela, tomé la decisión de no prender mi computador para cargarlo.
ResponderEliminarademás me parece que por describir cosas que en realidad no aportan, no profundizaste lo suficiente en lo que el man siente, que es el tema central de la historia.