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miércoles, 23 de julio de 2014

Perdigones

Peo en la cara

La justa indignación se despertó en mí de repente. El barullo del crío que desde el otro lado del pasillo gritaba improperios contra su madre, mujer humilde de ascendencia aborigen, piel cobriza y pelo azabache, hacía que mi pecho se inflara con rapidez creciente. Apreté los puños y fragüé una venganza, una venganza contra el mocoso por la mujer que lo parió, por mí, por el mundo, por el todo poderoso. Una venganza que saldría del fondo de mi ser y lo atacaría como el viento divino que arrasa a los impíos. Una venganza tan justa y poderosa como la espada de Miguel, que cortaría su pataleta con la fuerza de un almuerzo en mal estado que ya buscaba escape de mi estómago.


La rebelión

El viejo sistema operativo convocó a todos los programas para una última reunión, si iban a desaparecer, lo harían brillando como una conexión en mal estado antes de quemarse, justo antes de apagarse por siempre.


La mujer muerta

Su cabello onduló repentinamente, flotando en el aire por un instante, atrapado en una reacción newtoniana que acababa con todo lo que ella era mientras el puñal escapaba. Un instante que para ella duraría por siempre.


El vacío

Los indicadores han dejado de sonar, las alertas visuales se han convertido en ruido sobre el infinito vacío, solo escucho mi respiración y el ritmo del corazón en los oídos. Sé que muy pronto empezaré a alucinar y sé que después, todo habrá terminado. Las estrellas se ven muy distintas hoy y estoy flotando de forma muy peculiar. Al fondo puedo ver La Tierra brillando muy azul y sobre ella, puedo imaginarte mirando el cielo, ¿ya te dijeron que te amo? No importa, tú lo sabes.


El hombre vivo

El circuito estaba completo, sus cuerpos se conectaron por la hoja metálica y la sangre que subía por su puño y por su brazo. Cuando sus miradas se encontraron, La energía lo inundó como un relámpago, Prometeo estaba vivo una vez más.




La caída

El campo estaba vacío, solo quedábamos los dos. Apreté el mango de la espada hasta sentir las bandas de cuero bajo el guante curtido mientras el gigante se elevaba frente a mí con su inmensa hacha de batalla, de la cual aún goteaba la sangre de mis hermanos.

El casco me impedía ver el bosque, de modo que mi mirada se concentraba en este ser, nacido en una cueva del infierno, hijo de bruja y demonio, que ahora levantaba un hacha que podía partir en dos un buey, mientras me miraba con un odio capaz de incendiar la tundra congelada de los reinos del norte.

Podía sentir el sol ardiendo en mi armadura y el sudor recorriendo mi cuerpo, podía sentir a la muerte vigilándome desde las sombras que proyectaban las grandes ruinas de la catedral profanada donde este monstruo había nacido, podía sentir las almas de mis hermanos, atrapadas en el filo de un arma creada en una forja de sufrimiento y maldad.

Su corte silbó, haciendo gritar al aire de dolor y asco; rompiendo por igual rocas tierra, barreras, trincheras y esperanzas. El polvo se levantó como un manto de oscuridad, apagando el sol; Así cerró mis ojos. La tierra llovió como una plaga enviada por un conjuro y llenó mi boca; así apagó mis oraciones, el estruendo  ensordeció toda la planicie, envolviéndonos en silencio; así apagó mi voz.

De rodillas en la oscuridad de la desesperanza, me apoyé en mi espada para ponerme de pie, busqué bajo mi armadura la medalla de santa Magdalena que mi madre me regaló cuando finalmente partí hacía el monasterio y la bese, sentí las lagrimas correr por mis mejillas y le mandé mi último pensamiento, esperando que mi amor la encontrara junto a la chimenea, rodeada de sus hijos.

El segundo corte atravesó la nube oscura sin avisar, solo vi el hacha un segundo, antes de unirme con mis hermanos.











1 comentario:

  1. "Peo en la cara" me gustó a la segunda leída, me parecería mejor si terminaras de adornar el lenguaje más caballeresco aún. Le cambiaría el nombre

    "La rebelión" tiene potencial, creo que es el mejor y que con una reescritura (sin extenderlo) puede quedar muy bacano.

    En "La mujer muerta" no pasa nada :(

    En "El vacío"hubera sido bacano que te docmentaras sobre cómo es la muerte en esas circunstancias y el narrador las describiera mientras se despide, o tal vez meterle un poco más de emoción, porque el "¿ya te dijeron que te amo?" se siente muy puesto.

    En "El hombre vivo" (al igual que en "La mujer muerta") no pasa nada de nada :(

    Creo que "La caída" quedaría mejor combinando un narrador en 3ra persona con los pensamientos del protagonista.

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